domingo, 12 de junio de 2005
Star Wars III: la Venganza de los Sith (2005)
Dirección: George Lucas
Reparto:
Ewan McGregor .... Obi-Wan Kenobi
Natalie Portman .... Padmé
Hayden Christensen .... Anakin Skywalker / Darth Vader
Ian McDiarmid .... Cancilller Palpatine
Samuel L. Jackson .... Mace Windu
Jimmy Smits .... Senador Bail Organa
Frank Oz .... Yoda (voz)
Anthony Daniels .... C-3PO
Christopher Lee .... Conde Dooku
Mathew Wood .... General Grievous (Voz)
Kenny Baker .... R2-D2
Matt Sloan .... Plo Koon
Peter Mayhew .... Chewbacca

Argumento
Por fin termina la saga... Anakin se hace malo muy malo y todo vuelve a donde estaba en el principio...
Comentario
Pues la peli no es tan mala como la II (El Ataque de los Clones), que era directamente un bodrio infumable con contadísimas escenas que merecieran la pena, pero tampoco es la octava maravilla del universo universal. Con ella se reafirma la creencia de los Starwarsescépticos de que esta segunda (o primera) trilogía sobra por completo y no aporta nada a la historia iniciada en el Episodio IV (Una nueva esperanza).
Cuando una va a ver esta película lo hace sabiendo cómo terminará y qué pasará entre medias para llegar a tan anunciado y conocido final. Sientes la curiosidad de comprobar con qué ha rellenado esta vez Lucas las dos horas y cuarto de escenas digitales retocadas; si habrá tenido la tentación de sacar otra vez al infame Jar Jar Binks o si habrá algún diálogo del que puedas reirte a gusto durante varios días.

En este aspecto hay que reconocer que ese genio incomprendido del humor absurdo que es Lucas ha estado mesurado. En comparación con otras entregas hay menos bichitos de formas imposibles; el tono es menos infantil y los diálogos, aunque malos y a veces sonrojantemnte estúpidos, no llegan al sumun de la total estulticia. Casi podría decirse que es una película digna, en la que hay pocas fantasmadas de las que sacar punta. Sin embargo, no resulta satisfactoria del todo. Tiene un aire a casi todas las demás partes de ambas trilogías. El inicio recuerda a las batallas espaciales de La Guerra de las Galaxias y del Retorno del Jedi.

Hay situaciones muy similares; la música también repite motivos ya oídos. El argumento y los diálogos son el punto flaco de Lucas; mientras que la factura técnica es casi perfecta, aunque a mí me gustan poco los FX tan exagerados, ese barroquismo terrorifico, casi horror vacui que obliga al autor a llenar cada espacio de cada fotograma con algo, lo que sea, con tal de que sea llamativo o exagerado. Las citas y guiños a sí mismo resultan a veces un poco forzados, como la inclusión de Chewaka que no pega ni con cola. Sin embargo, destroza totalmente el papel del, otrora ingenioso, C3PO, que aparece brevísimamente y casi solo para que le borren la memoria sin motivo e intentar tapar de ese modo algún que otro agujero narrativo...

La película arranca con el Obi-Wan y el Anakin en misión especial de rescate. Los malvados y poderosísimos lores del Sith han secuestrado a Palpatine, el canciller de la República, ese que todos sabemos que es Emperador desde el Episodio I, y se lo han llevado a una nave espacial comandada por el mismísimo Conde Dooku y también por el General Grimoso, digo Grievious, un robot o ciborg o lo que rayos sea afecto de tuberculosis en un grado avanzado, que se pasa toda la película tosiendo al estilo dama de las Camelias para general desconcierto. Anakin y Obi-Wan sortean en sus ligeras naves, doce mil cazas enemigos (o amigos, que no se sabe muy bien, ya que hay una especie de batalla en el espacio), treinta mil disparos de misiles, trescientos mil rayos láser, hasta aterrizar justo en el muelle de la nave de los malos, auxiliados, como de costumbre por esa gran aliada que es la Fuerza (o la suerte, que diría Mel Brooks).

Se llevan en su misión al robotito que pita, el R2D2, que hace el trabajo de siempre de desconectar y conectar ascensores y esas cosas. Claro que recorrer toda la extensión de esa gigantesta nave enemiga no es tarea fácil. Los dos Jedis van rebanando a cada paso las cibernéticas cabezas de robots que gritan ayyyy, uyssss, mamáaa, me han dado... Hasta dan pena los pobres. Porque hay muchos, pero todos estiran la pata. Así que Obi-Wan y Anakin, entre tajo va y viene y chistes estúpidos y sin gracia, llegan a la sala donde está Palpatine, amarrado a una silla. Al verlo parece que tiene cara de buena persona y todo. Entonces, sin previo aviso (bueno, Palpatine dice "Dooku") aparece el Conde Lord del Sith, que se supone el más poderoso de su gremio y empieza a pelearse con los jedis. Lucas hace de las suyas. No lo puede evitar.

El Conde Dooku da más volteretas en el aire que la Nadia Comaneci, creando de nuevo esa sensación de artificialidad que emanan las películas de esta trilogía. Bueno, todos saltan, chocan espadas, vuelan y hacen de todo, hasta que Obi-Wan queda fuera de combate, y Anakin pone de rodillas el Conde Dooku, que no tiene mucho diálogo que digamos, y tampoco muchas décimas de segundo en pantalla. El joven jedi le rebana la cabeza a instancias de Palpatine. Bueno, después de esto supongo que escapan a toda prisa, cargando con el inerte Obi-Wan por el interior de la nave, que parece el Poseidón, inclinándose y desinclinándose.
Esta parte, hasta que salen del trance, es la más rollo de la película.

Aunque lo que sigue, con un montón de intrigas palaciegas, no muy bien explicadas y el ñoño romance de Anakin y Amidala a los que sería impensable ver desnudos, tampoco es el paradigma del entretenimiento. El Anakin tiene unos sueños muy raros. Nada de soñar con tías en pelotas o cosas normales; no, él ve a su mujer muriendo en el parto, algo muy curioso teniendo en cuenta que en ese universo supertecnificado donde puedes viajar a la galaxia más lejana en un minuto, e incluso comunicarte con cualquier punto sin problemas, las mujeres siguen estando en riesgo de palmarla exactamente igual que en las regiones tercermundistas más cutres de la Tierra.

Amidala sufre y llora, mientras su marido, que la quiere mucho (aunque no lo parece, solo nos lo cuentan) trata de evitar el trance de convertirse en padre soltero sin derecho a pensión de viudedad. Entonces se lo explica al Palpatine, que le narra cuentecillos absurdos sobre un Lord del Sith que podía resucitar a los muertos, para meterle los perros en danza.
La verdad es que las motivaciones de Anakin para volverse al lado oscuro son tontas y no están bien motivadas por Lucas. Anakin parece bobo, sinceramente. Por un lado los jedis que no lo quieren hacer maestro, chincha, rabia, por otro Palpatine pinchandole con lo de los poderes inconmensurables del lado oscuro, van haciendo mella en el joven. Y Amidala llorando.

Obi Wan por su parte se va a buscar al general Grimoso que escapó de la nave del principio. En un planeta cuyo nombre no recuerdo lo persigue montado en un burro muy grande y muy raro, y después de varias toses le da matarile. Pero es entonces cuando los clones de marras por orden de Palpatine se rebelan y le quieren dar matarile a él.
Lo mejor de la película es Palpatine y su conspiración. Para variar hay un actor que parece un actor. El canciller da un golpe de estado, y manda a Anakin a matar a los niños de los jedis para que sea muy muy malo de morirse de la muerte. Todo eso queda grabado en video, claro, para que cuando Yoda y Obi-Wan regresen al templo Jedi, después de haber sorteado las medidas de seguridad que protegen todo el planeta y la ciudad y todo, puedan verlo y advertir la escabechina. A todos los demás jedis los han ido eliminando uno a uno, en unas secuencias bastante buenas, que no parecen propias de Lucas. Y Amidala llorando.

En este punto la película remonta bastante, y casi se puede tolerar. El culmen de la trilogía, la famosa conversión de Anakin en Darth Vader tendrá lugar en el improbable planeta Mustaphar o algo así. Se trata de un mundo totalmente ilógico, donde todo son lavas, volcanes en erupción y fuego. Ahí se supone que hay una especie de fáctoría dedicada a... pues no sé, ni idea. Sobre la lava se pasean unos robots que sacan lava con unos crisoles. Así que como no sea para hacer ceniceros.
Pues bien, una mira el planeta y luego a las estructuras metálicas que conforman la factoría y no puede dejar de preguntarse, con notable extrañeza, cómo pudo ser posible construir eso en un lugar donde no deja de salir lava. Aparte el hecho de que caen lluvias ígneas que no parecen afectar al metal. Y peor todavía, a las personas.

Así que allá se va Anakin por orden del Emperador para que elimine a los señores del comercio de no se donde, que son los separatistas que han iniciado las guerras clones. Y Amidala sin dejar de llorar, se monta en su nave y se con el marido al trabajo, sin saber que también se lleva a Obi-Wan. Este y Anakin se pegan un lote de lava que no veas, pero ni un milímetro de sus cuerpos resulta afectado ni por las efusiones ni el calor insoportable que una presume hay a un metro del magma incandescente. Saltan entre los barquitos flotantes de los fabricantes de ceniceros, que como digo están suspendidos a poca distancia de los rios de fuego, hay más volcanes, el caos total, llega una catarata... Menos mal que había un lugar de tierra firme.

Ahí tiene lugar la batalla final y decisiva. De un tajo Obi Wan le corta las piernas a su amigo y lo deja hecho una piltrafa al borde del magma, que le roza un poquito y lo convierte en una falla valenciana. Obi-Wan entrenado en la Fuerza esa y en la compasión jedi ni lo remata para evitar que se levante de nuevo (es algo que suelen hacer los malos en las películas, aunque estén en las últimas) ni para que no sufra. Menos mal que era su amigo más querido. Palpatine lo recoge, y mientras un robot comadrona le revela a Obi-Wan que Amidala espera gemelos (cosa que no sabían, debido a ese deplorable retraso en las ciencias médicas del futuro donde es impensable un aparato de ecografías), le ponen un casco negro y al chico hasta le cambia la voz. Amidala da a luz, y nada más ver a los niños ya sabe que son Luke y Leia. Hala, y se muere. Sin motivo, claro. Hasta el robot comadrona está asombrado. Yo también.

La gran inteligencia y presciencia Jedi hace que se decida que Luke vaya con los parientes de Anakin al planeta Tatooine. Claro, ahí seguro que Anakin no buscaría. A Leia la mandan con un abogado de la Ley de los Angeles que pasaba por allí.
Lord Vader, ya respirando como sabemos y con el casco negro, contempla desde un ventanal la estrella de la muerte, mientras uno que se parece a Peter Cushing se pasea por allí solo para que los super fans más fanáticos lo vean.
Fin... por fin.

