El Cultural -Magazine de El Imparcial

miércoles, 29 de junio de 2005

Memoria de mis putas tristes

ImagenComo continuación al debate que tuvimos en forolibros, os cuelgo algo que me ha parecido de sumo interes, sobre la diversidad de opiniones que surgieron en la lectura de la novela de García Márquez.

"Hace tiempo que Lucía Etxebarría, al parecer escritora, viene difundiendo en Internet un repugnante libelo en contra del escritor colombiano Gabriel García Márquez, al que acusa de hacer “apología de la explotación infantil” en su última novela, Memoria de mis putas tristes, llegando al extremo de imputarle la comisión de un delito y de reclamar que actúe la censura, o por lo menos que caiga sobre él una insidiosa censura social. Inexplicablemente, se diría que la Secretaría de Mujer del PCE comparte las acusaciones del libelo, ya que lo ha publicado en la página web del partido.

Los ataques al autor de Cien años de soledad no son nuevos. Comienza a ser dilatado el feroz acoso al que se le somete, en una campaña tenazmente urdida por intelectuales sumisos al poder del Imperio. Molesta que un creador de la talla de García Márquez sea amigo de Fidel Castro; enfurece que respalde la revolución cubana, mientras otros muchos intelectuales se han ido plegando a los intereses del imperialismo norteamericano de manera vergonzante, y, sobre todo, no se le perdona la insobornable libertad e independencia de criterio de la que hace gala. En los últimos años, a las ya tradicionales soflamas de personajes abiertamente reaccionarios como Gabriel Albiac o Federico Jiménez Losantos, se han unido otras y otros a los que la opinión pública reconoce un cierto barniz de progresismo. Así, se hicieron célebres, con motivo de las ejecuciones en Cuba de varios terroristas internacionales, las histéricas arremetidas contra García Márquez de Susan Sontag, poco antes de morir, o de Rosa Montero, tan dispuesta a la menor ocasión a vomitar toda su bilis sobre Cuba y sobre la revolución bolivariana de Venezuela. Y ello a pesar de que García Márquez se pronunciara inequívocamente en contra de la pena de muerte, con una claridad que se echa de menos entre sus adversarios cuando se trata de ejecuciones en Estados Unidos. No es de extrañar que Lucía Etxebarría pretenda formar parte de esta última tribu. Pero con el artículo de que hablamos ha rebasado cualquier frontera de la miseria, la mezquindad y la estupidez.

Dejando al margen alguna de las idioteces menores del escrito, como que compare la concesión del Premio Nobel de Literatura a García Márquez con el de la Paz a Henry Kissinguer, es indiscutible que cada cual es muy libre de sostener el juicio que le plazca sobre una obra literaria. Claro que provoca sonrojo que Lucía Etxebarría se escandalice por el hecho de que se pueda ganar dinero con la publicación de un libro, habida cuenta de que ella se ha convertido en una de las estrellas de la narrativa más comercial de nuestro país. Pero, si pretende opinar acerca de uno de los mayores autores de la literatura universal, se le puede exigir que tenga alguna remota idea sobre aquello de lo que pontifica. La creación literaria, la creación artística en general, alberga su verdad, y no elude descender a las regiones sórdidas del ser humano cuando ello es necesario ni la presentación de personajes “reales” con todas sus contradicciones, sus miserias y sus grandezas. Entre los personajes más geniales de la historia de la literatura se hallan inmensos canallas, sin que haga falta que los autores antepongan a su aparición ninguna advertencia moral expresa –esencialmente porque las advertencias morales expresas casi siempre una “trampa” que destruye la veracidad y la eficacia del relato-. Los lectores inteligentes, entre los que seguramente nuestra inquisidora, como cualquier otro inquisidor, no se cuenta, son capaces de extraer sus conclusiones por sí mismos. La existencia humana es compleja y también son complejos, cabalmente por lo mismo, el arte y la poesía que en ella se fundan. Que las criaturas que pululan por las novelas de Lucía Etxebarría sean romas, empalagosas y sin aristas, no hace obligatorio que sea así siempre. Gabriel García Márquez, progenitor por cierto de algunos de los personajes femeninos e infantiles más hermosos y entrañables que ha alumbrado la literatura, ha penetrado como nadie en el fondo del alma humana y ha sabido describir con insólita maestría la realidad trágica, mágica y a veces siniestra del ser humano en general, y de los pueblos de América Latina en particular. Eso es lo que lo ha convertido en un escritor gigantesco.

De otra manera, y siguiendo esa estrecha concepción de lo “políticamente correcto” de Lucía Etxebarría en la que no caben asesinos, prostitutas ni proxenetas –sólo ángeles-, tendríamos que prohibir como perniciosas para la moral pública, junto a Memoria de mis putas tristes, obras como La Celestina o El Lazarillo de Tormes. Habría que entregar a la voracidad de las llamas purificadoras por lo menos un tercio del Quijote, aparte de alguna de las mejores novelas ejemplares de Cervantes, por no hablar de las tragedias de Sófocles, y sin olvidar creaciones más modernas como Yo, Claudio y Claudio el dios y su esposa Mesalina, de Robert Graves, o Viaje al fin de la noche, de Céline, entre otras muchas. Al final, nos sorprendería que los criterios censores de lo “políticamente correcto” se parezcan tanto a los de cualquier dictador ultramontano de nuestro pasado. Estamos convencidos de que Franco se solidarizaría de mil amores con la denuncia que Lucía Etxebarría ha hecho de la novela de García Márquez. Seguro que en la España de los años cincuenta no habría podido ser publicada.

Ahora bien, el afán inquisidor de Lucía Etxebarría lo único que logra es retratar su misma mezquindad. Pero resulta indignante que la Secretaría de Mujer del PCE haga suyas las reconvenciones de la inquisidora colgando su artículo sin más en la página web del partido. Sorprende que el PCE no se haya pronunciado sobre las jornadas en las que CC.OO. ha reivindicado el reconocimiento legal de la prostitución como una relación laboral más; que ni haya rechistado ante el hecho de que en esas jornadas se vetara la posición al respecto que se recoge en el programa de IU, impidiéndose que una camarada del PCE pudiese explicarla, y que se haga eco en cambio de la infame arremetida de Lucía Etxebarría contra García Márquez, al tiempo que ignora que el ataque encierra un fondo político que nada tiene que ver con la defensa de los derechos de las mujeres y de los niños. Es incomprensible que el PCE guarde un persisitente silencio sobre la publicación de ensayos de historia que revigorizan los postulados de la propaganda fascista en nuestro país con el respaldo de grandes multinacionales y aparatos de comunicación –los libros de Pío Moa y César Vidal, por ejemplo-, y se sume con tal diligencia a la campaña de desprestigio de uno de los pocos escritores de gran difusión que apoya sin fisuras la revolución cubana, una campaña de desprestigio que tiene su causa justamente en ese apoyo.

Da que pensar, en fin, que algunos camaradas de la dirección federal se hayan escandalizado por entender que la tesis referente a la cultura presentada a debate del XVII Congreso puede ofender a ciertos intelectuales o artistas afines al PSOE y, sin embargo, parezca que no haya inconveniente en insultar de forma gratuita a Gabriel García Márquez. Por lo visto, Gabriel García Márquez no ha de figurar entre los intelectuales a los que nos interesa tener próximos. Mal podremos emprender ninguna política de cultura en el partido si el grado de nuestra ignorancia al respecto es tan estremecedor.

Nos gustaría, en cualquier caso, que se publicara este escrito de contestación en la página web del partido y que la Secretaría de Mujer, si no emite alguna nota de rectificación, tuviese la prudencia en el futuro, por lo menos, de leerse un libro antes de dar a la luz la primera filípica sin fundamento que caiga en sus manos. Porque queremos pensar que la responsable de la Secretaría de Mujer ha podido dar crédito al libelo de Lucía Etxebarría por no haber leído la novela que denuncia de García Márquez. Si encima la hubiese leído, sería para echarse a temblar"

Fuent: www,attacc-henares.org

Comentarios

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  • Fecha: jueves, 30 de junio de 2005
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  • Hora: 16:40

Autor: reginairae

EStoy de acuerdo en que una literatura políticamente correcta sería un aburrimiento, aparte de irreal. Si se quiere que la literatura refleje al ser humano no puede eludir la descripción de ciertos comportamientos o de ciertos tipos humanos desagradables. Además, me sorprende que diga eso Lucía Etxebarría, ya que según esa regla de tres a ella habría que censurarle sus novelas cuando habla de drogas o de mujeres que se van a Londres a hacer de "escort" que es algo así como una "acompañante" por dinero, algo muy similar a una prostituta, etc, etc...

  • Fecha: jueves, 30 de junio de 2005
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  • Hora: 17:00

Autor: Vvanadis

Cualquier cosa que se tache de politicamente correcto ya se sabe lo que es: una hipocresia y una falsedad, creado por y para los que son incapaces de enfrentar lo quesea necesario en elmomento.
La Lucía, está guapa para hablar ella, habría que preguntarle como llamaría a emborrarcharse conscientemente para hacer una entgrevista o asistir a un acto público. Es de lo más correcto.

Ahora que entre eso y poner, ya que se habla de ese libro en concreto al pederasta nonagenario ese y a la puta adolescente como ejemplo de lo que es el amor y una historia de amor... Ya entiendo poroqué va el mundo como va. A cada cosa su nombre.

  • Fecha: jueves, 30 de junio de 2005
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  • Hora: 17:01

Autor: Vvanadis

Por cierto despues de ese libro de Marquez, leí el libro, según él, homenajeado y si cualquiera de nosotros hace un homenaje igual o como dice la Etxevarría, intertextualiza algo así, ahora segura está en los tribunales intentando convencer al juez de que el quería honrar al autor y no cometer plagio. En fin, también es verdad que solo estoy acreditada para dictaminar la falsedad en las escrituras que me presentan. Sonrisa Gigante

  • Fecha: sábado, 02 de julio de 2005
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  • Hora: 10:22

Autor: Matilda1

Concretamente este artículo, creo que tiene que analizarse por partes.
La primera seria la referente a la denuncia que hace Lucía Etxebarría sobre el tema en el que está basada la novela y en que forma se plantea la misma.
La segunda sobre el acoso que sufre García Márquez por su apoyo a Fidel Castro, y la tercera la opinión personal sobre esta obra.
El debate no se centra en la figura de la escritora, sino en el argumento que García Márquez utiliza para escribir su obra. Ella como mujer y escritora puede utilizar cualquier guión, al igual que cualquier autor, para transmitirnos situaciones reales o de ficción, siempre y cuando no se impliquen temas que afecten a los más desprotegidos, queriéndonos hacer ver situaciones humillantes para el ser humano como un hecho natural.

  • Fecha: sábado, 02 de julio de 2005
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  • Hora: 10:23

Autor: Matilda1

La libertad de expresión tiene que ser un medio de reivindicar valores no de crear una vía donde cualquiera pueda hace uso de ella para manifestar de una forma despiadada, feroz y salvaje toda la acumulación de miserias, desdichas y mezquindades que desvirtúan la educación y el sentido de una vida digna. Esa misma libertad que tiene que servir como medio de denunciar cualquier tipo de corrupción y como elemento favorecedor para que los seres humanos proyectemos un futuro digno para toda la raza.

  • Fecha: sábado, 02 de julio de 2005
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  • Hora: 10:51

Autor: Matilda1

Sobre la argumentación de “la caza de brujas”, me parece que se ven fantasmas doy sólo hay sombras de pino. La trayectoria política y el apoyo incondicional de García Márquez a Cuba no es nueva y utilizar ese argumento es una valoración desvirtuada de la realidad a la critica que se ejerce en concreto sobre esta novela, no sobre la obra del escritor.

  • Fecha: sábado, 02 de julio de 2005
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  • Hora: 11:04

Autor: Matilda1

Mi opinión personal sobre la novela es la que expuse en Forolibros y que copio de nuevo.
Quizás la mejor definición esté al principio de la novela. Soy feo, tímido y anacrónico.
No sé porque cuando lo leía me vino a la memoria la novela de El Gatopardo, después hojeándola comprobé que en la lengüeta del forro había escrito una pequeña reseña de la vida del autor Giuseppe Tomasi de Lampedusa, salvando las distancias y sin comparar quizás el hilo de conexión es la descripción de un mundo antiguo que se negaba a renovarse, la estirpe de una nobleza decadente que entró en el siglo XX a una velocidad que la máquina de vapor había superado, en el que el descubrimiento de la luz eléctrica iluminó las conciencias, y la revolución industrial acuño nuevas clases sociales.

  • Fecha: sábado, 02 de julio de 2005
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  • Hora: 11:07

Autor: Matilda1

Existía un pobre más pobre que el propio obrero, un lumpen proletario, que marcaba la diferencia entre la rigurosa etiqueta y pertenecer a esa clase social.
Delgadina, la lumpen de esta triste historia es la representante femenina de la explotación que millones de mujeres padecen.
La prosa de García Márquez es maravillosa. Transporta al lector, al menos a mí, a un mundo decadente y aristocrático. A un mundo culto, donde el lino, los objetos decoraticos y las formas esteticas son sus protagonistas. Nos presenta a una serie de personajes y obras de arte totalmente opuesto al universo del barrio de los pobres. Nos descubre a un hombre que a fuerza de ser un parásito, incapaz de mejorar su posición, intenta mantener un estatus de abolengo conservador que lo margina en su propia forma de vida.

  • Fecha: sábado, 02 de julio de 2005
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  • Hora: 11:08

Autor: Matilda1

Un egoísta que ni siquiera en el último momento de su vida es capaz de vivir con decencia. Ese anciano de noventa años llamado ¿por cierto, dice su nombre por algún sitio?, descubre inconscientemente que está solo y que jamás ha sentido el afecto necesario para sacrificarse y renunciar a todas aquellas cosas cotidianas que hacen que dos seres humanos puedan compartir una vida en común.
La pasión por Delgadina es más bien perversión, la necesidad al descubrir la esterilidad de una vida sin afectos hace que cualquier ser humano quede atrapado en las redes de los sentimientos que traducen como amor pero que en realidad es una manera de expresar la miseria interior de su propio ser. Es una patología llamada egoísmo.
Sigo manteniendo mi opinión de que escribir sobre una menor y sexo por muy sutil y bella que sea la prosa es algo que sólo se le permite a un escritor de la fama de García Márquez. 8/12/2004

  • Fecha: sábado, 02 de julio de 2005
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  • Hora: 12:19

Autor: seudolus

Polémica abierta en otro foro, en ese tiempo comencé a leer "el libro" y aun no lo terminé, pero es que además de estar muy vago últimamente, el leer plasma me cansa un cacho, no obstante tendré que acabarlo y ver, entre otras cosas donde está la perversión que se cuenta, y por supuesto buscar entre líneas los gustos pederastas del autor., que creo los tenia, o tiene, no sé.
Como anécdota, y para tener con que llenar este espacio cibernético os contare algo: un amigo mío tiene una novia mas joven que el, exactamente veintidós años, motivo por el cual son el dime y direte de todos los colegas (excepto yo, que soy de Melmak) , y van de boca en boca por una diferencia de edad, que si bien no es la que existe entre el pederasta y la puta, si es bastante considerable, por eso mi amigo tiene que escuchar que su novia no está con el por amor, sino por dinero.

  • Fecha: sábado, 02 de julio de 2005
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  • Hora: 12:20

Autor: seudolus

Yo no digo nada pero a lo mejor tienen razón, pues esa diferencia de edad no es normal, como tampoco lo es que se amen dos personas de distinta escala social, o de distinto color, ni de países diferentes, de sexos no digo nada que ahí me pierdo un poco, pero bueno, todavía cuento en pesetas y traduzco después. Y eso de que a un viejito de noventa años se le ponga el ánimo alegre ¡anda ya! .De niñas de doce años no se nada, de las de catorce solo de oídas, por lo visto a esas edades quieren ánimos más jóvenes. ¿Por qué no se reforma esa parte del código civil donde se permite casarse a los catorce años de edad? Nuevos tiempos nuevas costumbres, no sé a donde iremos a parar. Pena que aquí no tenemos estegosaurios de esos, para llevarnos uno a la caverna, e interpretar sombras exteriores sin más interferencias que las nuestras.

  • Fecha: sábado, 02 de julio de 2005
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  • Hora: 12:22

Autor: seudolus

De Lucía Etxebarría no digo nada, me remito al comentario de Regina. Por cierto ¿de que hacía apología el lobo de Caperucita? ¿Por qué esa zorrona menor de edad iba de rojo, con minifalda, y sola en la noche? ¿Pinocho? De ese no hablaremos, bástenos con saber que el hada madrina le decía en la intimidad aquello de ¡miente pinocho, miente! Ogros, brujas, anarquistas y demás gentes de mal vivir, echémosles de los libros. ¡La literatura a muerto, viva la literatura!
Otro verano que se nos llena el pueblo de forasteros, menos mal que tenemos la paciencia de los montes.

  • Fecha: sábado, 02 de julio de 2005
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  • Hora: 14:50

Autor: Matilda1

seudolus, pues esa versión de caperucita no sé de donde la has encontrado, mira que he leído distintas interpretaciones del cuento y siempre es una niña normal...
"Caperucita, no te vuelvas a escapar sin permiso de mamá, qué en el mundo hay lobos que parecen caballeros de verdad."
Una pregunta, aunque sea una indiscreción, ¿tienes alguna hija de catorce años?, quizás así puedas entender lo que digo.
Sonbre mezclar, edad, raza o sexo en relación al amor, no tiene nada que ver las diferencias entre personas adultas y que han vivido lo suficiente para saber discernir entre un amor y un sátiro.

  • Fecha: sábado, 02 de julio de 2005
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  • Hora: 15:59

Autor: Vvanadis

Otra vez las pobres victimas de la diferencia de edad.
Personalmente el que alguien de 20 años se folle a alguien de 80, como vulgarmente se dice me la trae floja y si se aman, no es mi asunto, ni creo que sea el de nadie nada más que el de ellos. Que eso lo hagan entre uno de 40 y otro de 41, tres cuartos de lo mismo, incluso entre alguien de 12 y alguien de 13.
Ahora entre alguien de 13, puta obligada y alguien de 90, ni amor ni hostias en vinagre que se dice en mi tierra. Reitero que es normal la mierda de mundo con esos conceptos tan miserables, acomplejados y mercantilistas de lo que es el amor.
La prosa de la obra no genera discusión, puede gustarte o no, pero la calidad está.

  • Fecha: sábado, 02 de julio de 2005
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  • Hora: 23:20

Autor: seudolus

"Caperucita" tiene muchas versiones, las del cuento y otras, unas para leer y vivir, otras para vivir sin leer. Hay caperucitas- niñas normales, que se escapan de mamá, y se adentran en un mundo de lobos que ni siquiera parecen caballeros, cosas que pasan, yo no se nada, el lobo es Atreyu.
La pregunta es indiscreta. ¡Por la gloria de mi madre Matilda! Con lo que yo te quiero y tú preguntándome esas cosas. Tampoco me creas incapaz de empatizarte.
No sé si quedan ninfas y sátiros, pero te aseguro que haberlos húbolos.
Vanadis, yo soy una victima de la diferencia de edad, pues biológicamente tengo cuarenta y ocho años, en apariencia treinta y nueve, y mentalmente siete, así que ya te contaré.
También hay gente de ochenta que se folla a gente de veinte, palabra que no se si será un vulgarismo pero mola cantidubi, aparte de estar reconocido por la RAE, el vocablo digo.
Definir lo que es el amor me queda grande, solo soy un aprendiz de hombre.

  • Fecha: martes, 23 de agosto de 2005
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  • Hora: 2:17

Autor: Invitado_arberiano

Estoy totalmente de acuerdo con este artículo. Cuando empecé a leer Memoria de mis putas tristes, me pareció raro que un autor como García Márquez escribiera una novela con el contenido que le quiere dar la denunciante. Me parece que antes de emitir una opinión debería "leer" íntegramente la novela y verá que sus manifestaciones son totalmente inocuas y vacuas. Con este argumento no sólo se tendría que prohibir la lectura de La Celestina o del Lazarillo de Tormes sino también Naná, Madame Bovary, Anna Karenina, etc. y la lista seguiría. Sería bueno que alguien le avise a esta Sra. o Srta. que estamos en el S. XXI y que lo que hoy escribe García Márquez pasó y pasará siempre y lo que debería hacer es esforzarse por evitar que esto pase y no prohibir y censuar la obra de un escritor fuera quien fuese.