El Cultural -Magazine de El Imparcial

viernes, 05 de agosto de 2005

Trece campanadas, 2002

Trece campanadas

Cartel de Trece Campanadas

Dirección: Xavier Villaverde
Guión: Xavier Villaverde, Curro Royo
Fotografía: Javier Salmones
Música: Javier Navarrete
Montaje: Carmen Frías
Género: Suspense (pues va a ser que no)
Duración: 98 minutos

Reparto:

Juan Diego Botto .... Jacobo
Marta Etura .... María
Luis Tosar .... Mateo
Elvira Mínguez .... Carmen
Rosa Álvarez .... Aura
Laura Mañá .... Claudia
David Álvarez .... Jacobo niño
Diogo Infante .... Raúl
Gonzalo Uriarte .... Cura
Ernesto Chao .... Inspector

Jacobo
Jacobo mira por la ventana... hacia la catedral


Argumento:

Dieciocho años después de perder a sus padres, Jacobo regresa a su ciudad, donde le esperan unas cuantas sorpresas.


Comentario:

Santiago de Compostela, 1984

El pequeño Jacobo trabaja a desgana en una escultura. Está en el taller de su padre, lleno de inquietantes esculturas.

Mateo llega, critica el trabajo de su hijo, pretende que siga sus pasos e incluso llevárselo de casa.
Los padres comienzan a discutir y el muchacho, aterrado, se refugia, quizá simbólicamente, al costado de una escultura que representa a una mujer embarazada en posición para el parto.

La acción se desarrolla con urgencia, Mateo amenaza a su hijo si no sale de su escondite antes de que acaben las campanadas de las doce, las cuenta, la madre carga una escopeta.
Sigue la cuenta: once, doce... un disparo... trece...

Jacobo se oculta tras una estatua Jacobo, vigilado por la foto de Mateo


2002, Santiago de Compostela

Un Jacobo adulto es recibido por María, hija de Aurea, empleada de la familia en su niñez.
El que regresa es un joven retraído, nervioso, con ira contenida, quizá, en parte, por la sorpresa recibida: su madre no está muerta como él pensaba, sino que lleva quince años encerrada en un psiquiátrico.

Cuando Jacobo se queda a solas con su madre, ella le habla (la ve sentada en la cama, cuando está), una advertencia: “Vete, es una trampa”.
Nadie más oye sus palabras, y además Jacobo decide desconfiar del médico que la ha tratado todos esos años, saliendo del hospital enfurruñado.
El mismo estado en que se reencuentra con Aurea, que ha estado cuidando de su madre durante la enfermedad, a la que trata con inusitada frialdad.
Durante el encuentro, al principio tenso, Jacobo comienza a llevarse mejor con María y rechaza el vino que le ofrecen, al parecer le sienta mal.

Tras negarse a vivir con cualquiera de ellas, regresa a su casa, al estudio de Mateo, ahora cubierto de polvo y telarañas, buscando entre sus últimos dibujos hasta que un frío repentino le hace huir.

Recorriendo la ciudad Jacobo se reencuentra con Mateo


Jacobo se refugia en la catedral y se encuentra con Mateo, quien le exige que termine su trabajo, mientras el joven, como reviviendo la última vez que se vieron, se encoge, se protege del posible golpe ocultándose tras los brazos.
De alguna manera en la relación de Mateo y Jacobo hay una similitud a la de Hamlet y el fantasma paterno, aunque es superficial y no tiene la misma finalidad.
De regreso a casa el joven toma unas pastillas, su medicación (él dice que es para la depresión, más tarde se revela que es para la esquizofrenia)

Se intenta jugar, de forma superficial y poco lograda, con la posibilidad de que realmente tanto Jacobo como Carmen estén poseídos por Mateo (En el hospital, la madre parece delirar antes de fallecer: “Los ojos de las piedras son sus ojos. Nunca se fue de aquí y ahora es frío y se esconde en las piedras. Pero está harto y quiere un cuerpo”) o que vean un fantasma, al tiempo que se especula con los síntomas de la esquizofrenia: voces en la cabeza que le impulsan a la violencia y le hacen desconfiar de los demás, visiones, etc...

De pronto todo parece guiarle hacia una meta determinada. Va a ver una exposición de la obra de Mateo y se encuentra con la que fuera su amante, Claudia, quien le encarga terminar la obra en que este trabajaba para exponerla en la catedral.
Jacobo comienza a trabajar en la escultura, a beber, dejando la medicación.

Mientras, Mateo insiste en hablar con su hijo, siendo una escena de cierta fuerza en la que, tras observar cómo avanza su trabajo, le obliga a meter las manos en las entrañas de la escultura al tiempo que él lo hace por el otro lado, buscándose: "Si, duele. Tiene que doler, Jacobo. Mis manos se están fundiendo con las tuyas. Así, cuando esculpas, tendrás toda mi habilidad, cada vez con más fuerza. Aguanta".
El joven obedece entre gestos de dolor, y cuando saca las manos las siente ajenas y está solo...

Seduciendo a la amante paterna ¿Viendo visiones?


A Jacobo sólo le importa el recurrente sonido de las campanas, la catedral que no puede dejar de observar... Claudia que le visita y a la que empieza a seducir (pese a su atracción hacia María) comparándose con Mateo y a la que está a punto de violar.

Hay visiones de apariencia irreal, enfrentamientos que incluyen violencia física en que Mateo obliga a su hijo a beber (“¿Ves cómo te sienta bien? ¿Te quita el dolor?”), le amenaza y chantajea valiéndose de sus sentimientos hacia María.
Jacobo se siente en manos de Mateo, le teme, muere alguien más...

Aunque la película tiene pretensiones estas no funcionan.
Da la impresión de que la misma ciudad, las piedras, la lluvia, intentan ser personajes adicionales de la historia, lamentablemente no resulta, las imágenes, las escenas, carecen de la fuerza necesaria para lograrlo. Sobre todo en la idea de utilizar la catedral como personaje, pues cada escena que sucede en ella desaprovecha sus posibilidades tanto dramáticas como arquitectónicas.

Mientras Jacobo se va aislando en su propio mundo interior (visiones en que sus manos se transforman en las de Mateo, le ve reflejado en los espejos e intenta destruirlos...), la tensión es mínima, y todo el intento de hacer parecer que el argumento tiene que ver con hechos paranormales, que podría tener cierto interés, se diluye en el final más obvio y previsible (en lo alto del campanario, como un hitchcockiano “Vértigo”, ayudado por María y el médico a recordar lo que sucedió, el significado de la decimotercera campanada), el que se intuye desde el comienzo a pesar de los intentos de distracción propiciados por las alusiones a posesiones (“La escultura sólo era una llave para entrar dentro de ti. ¿No te das cuenta, Jacobo? ¿No notas cómo crezco dentro de ti”) y fantasmas.

Gárgola Mateo, imagen en el espejo


Sólo funcionan, a veces, los enfrentamientos entre Jacobo y Mateo, esa violencia apenas contenida, lo que se dicen, pero la mayor parte de la película está mal interpretada, los diálogos y la forma de interpretarlos resultan artificiales y el final, como ya he dicho, es previsible y decepcionante, estropeado aún más por una especie de epílogo tan absurdo como innecesario.

Algunas de las frases incluso resultan difíciles de entender y hay que volver atrás para recuperarlas.

Se supone que la película está basada en una novela de Suso del Toro (Seix Barral, 2002), aunque por lo que he leído del argumento no parece tener mucho que ver.

Prescindible.


Mateo tiene una fuerte personalidad Romance en ciernes

Comentarios

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  • Fecha: sábado, 06 de agosto de 2005
  •  | 
  • Hora: 11:15

Autor: reginairae

Pues nunca me llamó mucho la atención, y siendo española menos... Jjaa, ya sé, eso es un prejuicio, pero es que he visto bodrios españoles muy gordos jajajaja como una película que se titula OUIJA que es de lo peor.
ASí que no creo que vea esta tampoco, aunque parece mejor que OUIJA, eso sí...

  • Fecha: sábado, 06 de agosto de 2005
  •  | 
  • Hora: 12:45

Autor: Thersuva

Después de ver Ouija se comprende cierto reparo a ver cine español, pero tampoco todo va a ser tan malo... supongo. Claro que yo no he visto Ouija.

A esta la encuentro un tanto pretenciosa para lo que luego es, que resulta muy previsible... incluso más que "El enviado", que vi anoche con "nuestro héroe" Robert De Niro.