sábado, 13 de agosto de 2005
La pianista, 2001
Dirección: Michael Haneke
Guión: Michael Haneke
Basado: Novela Die klavierspielerin, de Elfriede Jelinek
Música: Pascal Chauvin.
Fotografía: Christian Berger
Montaje: Nadine Muse, Monika Willi
País y año: Austria, Francia (2001)
Género: Drama
Duración: 130 minutos
Reparto:
Isabelle Huppert .... Erika Kohut
Annie Girardot .... La Madre
Benoît Magimel .... Walter Klemmer
Susanne Lothar .... Mrs. Schober
Udo Samel .... Dr. Blonskij
Anna Sigalevitch .... Anna Schober
Cornelia Köndgen .... Mme Blonskij
Sinopsis:
Erika Kohut es profesora de piano en el Conservatorio de Viena. Entrada en la cuarentena, vive con su madre, de cuya sofocante influencia se libera yendo a cines porno. Su sexualidad se manifiesta en voyeurismo e impulsos de automutilación masoquista. Hasta que conoce a un hombre...
Erika y Walter
Comentario:
Al comienzo de la película, Erika vive con su madre, con quien mantiene una difícil relación de mutua dependencia, humillaciones y férreo control.
La madre desprecia el trabajo de Erika, lo minimiza, cree que dar clases es poco para ella, que hubiera debido ser concertista. No comprende, por ejemplo, que se sienta nerviosa ante alguna prueba.
Erika también se muestra dura con ella, manteniendo un tira y afloja en el que tanto pueden estar discutiendo y tirándose de los pelos como más tarde, en la cama que comparten (aunque la casa es lo suficiente grande para que cada una tenga su propio dormitorio) ella se lanza sobre la madre besándola y proclamando cuánto la quiere.
La pianista parece trasladar a su vida profesional una relación similar a la que mantiene con su madre.
Continuamente humilla a sus alumnos (chicas y chicos que salen de sus clases llorando a lágrima viva), les habla con una frialdad que parece inhumana, ajena a sus emociones y temores, atendiendo sólo a la técnica y a su propia pasión por la música (Schumann y Schubert, creo), al parecer incapaz de relacionarse con ellos como personas.
Además de la relación con la madre y los alumnos, la pianista lleva una vida sexual “diferente”, centrada en el voyeurismo, sadomasoquismo y arrebatos en que se mutila a sí misma con fría precisión (no sé qué importancia tendrá su revelación de que su padre, como Schumann murió loco, o la preferencia por ciertos músicos en particular)
Cuando se estrenó la película se difundió una especie de “leyenda urbana” según la cual hubo personas (hombres) que se desmayaron en mitad de la proyección y tuvieron que salir del cine.
Se me hace difícil creerlo, ya que prácticamente no hay sexo explícito, exceptuando la película porno que ve Erika.
Seducción
En esta escena, en que la protagonista entra en una cabina donde se proyectan películas metiendo monedas, la imagen de sexo (una mujer haciendo una felación a un hombre) no resulta tan perturbadora como la reacción de ella al verla, el rostro inexpresivo, ni un gesto, la mirada fija en la pantalla y como único movimiento la mano enguantada que se hunde en una papelera, saca un pañuelo usado por algún cliente anterior, y lo lleva a la nariz, inhalando profundamente al tiempo que observa la proyección.
En cuanto a la que tanta impresión pareció causar, no parece que pueda ser por lo que muestra, ya que es de una elegancia y sutileza ejemplares.
Erika se sienta en el borde de la bañera, abre las piernas y sitúa un espejo ante ella al tiempo que utiliza una cuchilla de afeitar. No se ve dónde hace el corte, sólo el reguero de sangre resbalando por el blanco borde de la bañera.
Para mí lo terrible de esta escena no es lo que se ve, sino la forma en que ella reacciona (o deja de hacerlo), ya que en ningún momento hace el menor gesto de dolor o molestia y cuando termina se pone una compresa, la ropa interior y se dedica a limpiar la bañera hasta eliminar todo rastro de sangre y guardar la cuchilla bien envuelta en su bolso.
Es en su comportamiento durante esta especie de ritual, esa indiferencia, la forma de disimularlo, de hacer cada movimiento con orden, precisión y economía de gestos, donde encuentro el verdadero horror, el indicativo de que es un hecho recurrente, perfeccionado por la práctica.
Walter intenta tranquilizar a Anne
La vida de la protagonista cambia cuando conoce a Walter, parte de una adinerada familia, que toca el piano y quiere ser su alumno. En principio ella se muestra tan distante e indiferente como con el resto del mundo, hasta que le ve animando a una de las alumnas, Anna, que sufre un terrible miedo escénico (celosa de la muchacha, llena el bolsillo de su abrigo de cristales que hieren su mano de pianista y conmina al joven a ayudarla, es su oportunidad de “hacerse el héroe”)
Como si esto fuese una revelación, Erika y Walter se encuentran en un baño e inician una relación marcada por las tendencias sadomasoquistas de ella. Cual “Domina” de manual, quizá imitando los comportamientos de las películas pornos que ve, ella se arrodilla ante él e inicia una felación (todo esto vestidos y sin mostrar planos que puedan ofender cualquier sensibilidad) que se niega a satisfacer hasta que él obedece sus caprichosas instrucciones.
A Walter le cuesta obedecer las instrucciones de Erika
La relación sigue el mismo esquema en adelante. Ella escribe una lista de lo que le gustaría que le hiciese (atarla, pegarla, amordazarla, humillarla) y le hace leerla en voz alta. Él se horroriza, cree que está enferma, se niega a continuar la relación hasta que ella acude a los vestuarios donde él hace deporte y continúa lo que empezó, aunque no a total satisfacción de Walter, que decide seguir sus instrucciones con imprevisibles consecuencias.
La actitud de Erika es la misma durante casi toda la película, un rostro hierático, que no muestra la menor emoción, una actitud en que parece ignorar la existencia de otras personas en el mundo (en un cine al aire libre se acerca al coche de una pareja que se está arrullando y se pone a mirar, incluso se agacha junto a la puerta para escucharles), además de las mínimas convenciones sociales y cierta crueldad que parecen más fruto de la ignorancia que de una deliberada maldad.
La misma película es fría y distante, en ningún momento muestra emoción o toma partido, y creo que eso es lo que más impresiona y obliga a hacerse preguntas (por ejemplo sobre el abrupto final) acerca de Erika, ¿es víctima o verdugo? ¿Su comportamiento se debe a lo que ha vivido en su casa? ¿Es una enferma, o una de esas personas carentes de empatía?
También contribuye a su impacto la puesta en escena, en la que la mayoría de las escenas "fuertes" están tratadas con delicadeza y discreccion deliberada, confiando la mayor parte de su efecto al poder de la imaginación del espectador.
No puedo decir que me haya gustado y, sin embargo, me ha hecho reflexionar sobre el comportamiento humano, sus orígenes y las consecuencias de todo ello.
Clases de piano
Algunos premios:
Huppert y Magimel consiguieron el premio a la mejor interpretación en el Festival de Cine de Cannes 2001.
La película obtuvo el Gran Premio del Jurado en el Festival de Cine de Cannes 2001.
Isabelle Huppert fue galardonada en los Premios del Cine europeo 2001.
*** T ***




