El Cultural -Magazine de El Imparcial

martes, 27 de septiembre de 2005

Adorando a un Dios Desconocido (parte I) IV / V/ VI

IV.- Nietzsche me arrebata…

Fritz


Mi tío Tomas me veía como una heredera de su talento, con la que, a pesar de mi edad, podía mantener apasionados debates filosóficos. A Karen le molestaba la correspondencia que manteníamos. El pobre no hacía más que entrar y salir del manicomio. Y la locura era algo que horrorizaba a mi señora madre de un modo obsesivo, no solo por el trastorno en sí y por el sufrimiento propio y de la familia, sino también por el descrédito que acarreaba. Tomas siempre había sido desafortunado. Decía, con gran acierto, que su única propiedad era el intelecto. Los muros de su biblioteca, los muros del hospital psiquiátrico, los muros, las cuatro paredes que lo encerraban de continuo eran como un cráneo superpuesto al suyo, y él todo entero, una res cogitans, un sistema pensante que buscaba la impersonalidad. Había renegado de los placeres, del dinero, de Dios, de su cuerpo, de sus sentidos… Desde que se despertaba con el alba, hasta las horas del sueño, que eran pocas, no pensaba en otra cosa que en la muerte. Era como uno de esos poetas tuberculosos del siglo XIX, de rostro demacrado y aire distraído. Y como mi padre, y para mi dolor, también terminó suicidándose.
El día de mi decimocuarto cumpleaños me regaló un libro que se titulaba “Así habló Zaratustra”, de F. W. Nietzsche. Excesivo para mi edad (aunque mi tío se había encargado de incluir anotaciones en los márgenes para que aprovechara mejor la lectura)
Reconozco que la mayor parte de las sentencias del autor alemán, e incluso las de mi tío, resultaban demasiado oscuras para mí, pero no por ello cejé en mi empeño de tratar de comprenderlas. Para mí fue como una revelación. Todo lo que yo había creído hasta entonces se vino abajo. Nietzsche había matado a Dios, había dicho cosas horribles sobre la religión, sobre el matrimonio, sobre la sociedad. Alababa a criaturas sin escrúpulos llamadas superhombres, que estaban “más allá del bien y del mal”, y que resultaban diabólicos al tiempo que atractivos, pues hacían lo que les venía en gana sin temor a ningún castigo sobrenatural. Me fascinaba su atrevimiento de proclamar tales “verdades”. Había otras maneras de pensar, y yo quería explorarlas, llevada de la mano de aquel “filósofo del martillo”. Mi tío decía:

“Tener ideas erróneas es peor que no tenerlas. Primer prejuicio: Dios y la vida eterna; los eternos castigos para los malvados; segundo prejuicio: el Bien y el Mal; tercer prejuicio: “ser diferente es malo; en el rebaño está la cordura”; cuarto prejuicio: un hombre solo no puede cambiar el mundo…
“Partir de cero es el principio de la verdadera filosofía; cuestionárselo todo y dudar por método el pan nuestro de cada día del pensador de raza; creer solo en lo que se puede probar con argumentos fundamentados e irrefutables es la base para acceder a la verdad; pero aún así, toda verdad es relativa… Detrás de toda verdad absoluta hay un Dios Desconocido”

La proposición de pensar por uno mismo era el colmo de la subversión para los abotargados y los gregarios que dominaban el planeta; pero para mí se convirtió en la única religión verdadera. Si tenía que adorar a algo, sería a un Dios Desconocido.

V.-… y el sexo no digamos

A mamá, mis preguntas, encaminadas a desentrañar el por qué de las cosas y a poner en evidencia que en la mayoría de los casos las creencias y costumbres se asentaban en el más pavoroso de los vacíos, cuando no en mentiras manifiestas, le producían inmenso fastidio. Sobre todo cuando la interrogaba sobre su vida amorosa, por qué tenía tantos amantes. Se sentía incómoda y evitaba responder. Ni que decir tiene que tampoco me contó nunca quien era mi verdadero padre.
Por aquel entonces yo pensaba que el sexo era una actividad ínfima, un entretenimiento para plebeyos. “Se persiguen como animales”, me decía, menospreciando a aquellos seres inferiores (entre los que se contaba mi madre), obnubilados por cosas de la materia.
Casi todos los veranos nos íbamos de vacaciones a la Costa del Sol. En presencia de aquellos hombres fuertes, latinos, morenos, que se paseaban por la playa atestada con el pecho desnudo, las piernas descubiertas, en bañador, bajo un sol terrible, experimentaba verdaderos ataques físicos. Mis reacciones nada tenían que ver con los sentimientos bobalicones y ñoños de mis amigas, que se imaginaban romances absurdos con aquellos chicos guapos.
Podía pasarme horas mirando las fotografías que les tomaba en cuanto se descuidaban: la conformación de una pierna masculina, cubierta por un espeso vello negruzco; o fantaseando con que me perdía en sus pechos y les acariciaba morosamente los pezones. Mi boca se abría en sueños para chupetear la sonrosada e inútil tetilla, y luego viajaba hasta los labios y los devoraba.
Una noche, deslicé la mano sobre el vello rubio de mi pubis, como tantas otras veces había hecho sin encontrar agrado. El estallido de un millón de cosquillas me subió a los labios un sabor de miel, que relamí con gula, apurando hasta la última gota de la fugaz golosina. Había sido la sensación más deliciosa, espiritual, la más sublime y la más difícil de explicar con palabras que jamás hubiera gustado. En ese instante de infinito deleite comprendí un millón de años de historia humana, a mi madre, a los lujuriosos de toda condición, a los animales que en el fondo somos y a toda suerte de aventureros que han convertido a los lechos de pluma en su campo de batalla. Y mi corazón se llenó de una cálida sabiduría, y lamenté mi anterior desprecio, que en el fondo era también una de esas abominables ideas prejuiciosas. Me sentí renovada… y con ganas de repetir… y repetir… y repetir… y así hasta la fecha...

VI.- El poder de la palabra: descubro que soy un genio

En la Semana Santa de 1984, me caí rodando por la pista de esquí y me rompí una pierna. Eso me condujo al hospital, donde tuvo lugar otra de mis revelaciones. Había pedido que me surtieran de libros, libretas y lápices, en principio para seguir tomando notas sobre las ideas enemigas. Empecé a escribir, y cuando me di cuenta, tenía ya varias hojas de magnífica prosa infantil, llena de finura e ironía: ¡era genial!
Así inicié mi diario. Consignaba en él todo lo que me llegaba a la cabeza, mis impresiones sobre política internacional, los acontecimientos de la vida cotidiana; fantasías sobre los habitantes de las dimensiones invisibles que me tocaban en el hombro a fin de insuflarle un poco de emoción a mi vida, y otros apuntes, escuetos como telegramas, acerca de mis familiares más cercanos, que consideraba que serían de utilidad a mis biógrafos cuando fuera reconocida como una gran escritora. Para que luego digan que no pienso en los demás...
Karen detestaba verme sumida en cavilaciones tan enrevesadas, ya fueran propiciadas por la lectura, la filosofía o por mi nueva manía de la escritura. Dejando aparte que la filosofía era un entretenimiento de locos, y de esa especie ya había bastantes en la familia, le parecía una pérdida de tiempo.
Pero yo creía a pie juntillas que podría cambiar el mundo con el poderoso instrumento que nacía de mi pluma; ponerlo patas arriba; destronar la moral antinatural y limpiar de adherencias espurias al espíritu humano. Mientras aclaraba mis confusas ideas, me inventaba universos paralelos donde regían leyes distintas a las nuestras. Uno de mis favoritos era el Mediterráneo de hechuras míticas anterior a las primeras crónicas, donde aún era posible ver, trotando por sus playas doradas a los miembros de una fauna legendaria, mientras en el cielo, se enseñoreaba el ojo rutilante y rubio de Febo, y bajo las nubes, arrogantes guerreros tocados con yelmos broncíneos retaban con insolencia a los dioses inmortales...
Estos relatos, que semejaban poemas homéricos, en un principio se los leía solamente a mi hermano. Desgranaba mis cantos épicos en la cima del monte Flöien, contemplando ¡dominando! la ciudad de las lluvias que se extendía sobre el fiordo a nuestros pies. Eran instantes míticos de elevación de los cuales participábamos ambos con adolescente candidez. Todo cuanto la vista alcanzaba nos pertenecía. Y lo que no podíamos ver lo conquistábamos con un leve esfuerzo de imaginación.

Comentarios

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  • Fecha: miércoles, 28 de septiembre de 2005
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  • Hora: 1:17

Autor: Thersuva

Interesante forma de compaginar en el mismo capítulo una revelación intelectual e incluso espiritual con otra que es más física, aunque seguro que tiene también su faceta espiritual...

  • Fecha: miércoles, 28 de septiembre de 2005
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  • Hora: 16:17

Autor: reginairae

Este episodio lo incluí por varias razones. Una de ellas es que me di cuenta de que muchos autores cuando cuentan la vida de un personaje o encaran un libro de esos de "iniciación a la vida", suelen hablar de masturbación si el personaje es un hombre, pero, que yo recuerde, jamás he leido un libro de este estilo donde se mencione esta faceta de la heroina. Quiero decir que tradicionalmente, el héroe varón descubre el sexo a través del placer, mientras que la heroína lo hace a través del amor... o cuanto menos, hay participación de un hombre. Es algo que siempre me ha sorprendido en las novelas... Claro que a lo mejor he leído pocas novelas de este estilo jaja.

En cuanto a Nietzsche Demonio, jaja, bueno, para mí también fue una revelación conocerlo, aunque yo lo leí con más años.

  • Fecha: miércoles, 28 de septiembre de 2005
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  • Hora: 19:32

Autor: Thersuva

Pues ahora mismo yo tampoco recuerdo sobre masturbación femenina dentro de un tema de "iniciación a la vida" como mencionas.

Esa diferenciación que haces en cuanto al descubrimiento del sexo por placer o amor si que es muy habitual, incluso en las novelas rosa, con las protagonistas siempre tan vírgenes y los hombres tan experimentados... siempre me ha parecido fatal, llegando al punto de saltarme todas las escenas de seducción y sexo, pasando directamente a los enfrentamientos verbales de los personajes.

A Nietzsche todavía estoy por descubrirlo, y de momento no acaba de apaetecerme.

Bueno, que me ha parecido muy interesante ese momento de descubrimentos adolescentes de Sigrid.

  • Fecha: jueves, 29 de septiembre de 2005
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  • Hora: 12:18

Autor: Atreyu15

Asisto expectante a la presentación de los personajes, poco más puedo decir. Me parece muy pronto para sacar ningún tipo de conclusión, aunque me llama la atención que tan al principio de la novela Sigrid muestre tantos detalles sobre su vida.
¿Tendré que leer a Nietzsche para que no se me escape nada? RollEyes

  • Fecha: jueves, 29 de septiembre de 2005
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  • Hora: 16:23

Autor: reginairae

Hola, Atreyu, me hace ilu que sigas la novela Giño
En realidad, no es que dé detalles de su vida, es que está contando su vida. Quiero decir que la novela empieza con un descubrimiento por parte del personaje, que altera su vida, y entonces empieza a recordar, a hacer un flashback sobre los hechos que la han conducido a ese estado. Y una vez llegada al punto de partida, es cuando se inicia de verdad la acción de la novela... ¿Te referías a eso?
El noventa por ciento de lo que cuenta en la primera parte servirá luego para entender ciertos hechos que le suceden y la reacción de otros personajes que se citan en esta parte y luego vuelven a aparecer...

  • Fecha: jueves, 29 de septiembre de 2005
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  • Hora: 18:57

Autor: Thersuva

Atreyu: Yo apenas he leído a Nietzsche y creo que he conseguido seguir la novela y enterarme de lo que pasa.

A mi también me alegra que sigas leyendo.

  • Fecha: jueves, 29 de septiembre de 2005
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  • Hora: 20:39

Autor: Invitado_arberiano

Esa foto de niche es de película de terror. ¿Va de eso la novela?

  • Fecha: jueves, 29 de septiembre de 2005
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  • Hora: 20:42

Autor: reginairae

Eh, no te metas con Nietzsche jajaja, que era un genio... Y no, no va de eso... ya lo sabes... Sonrisa Gigante

  • Fecha: jueves, 29 de septiembre de 2005
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  • Hora: 23:07

Autor: Thersuva

Pues en parte estoy de acuerdo... solo pensar en leer a Nietzsche da como miedo...

  • Fecha: viernes, 30 de septiembre de 2005
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  • Hora: 14:05

Autor: Atreyu15

Jajajaja en efecto me expliqué mal, no das detalles das la vida detallada. Me llamó la atención ese ir y venir en su vida metiendo el dedo en la llaga desde el principio de la novela, intentando analizar minuciosamente al personaje. Yo sigo leyendo, intuyo que estamos ante una mujer un poco especial jajajaja.
Por cierto, las lecturas que traen muchos nombres propios me llevan de cabeza jajajaja. Giño

  • Fecha: viernes, 30 de septiembre de 2005
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  • Hora: 19:38

Autor: reginairae

jaja, sí, claro, toda la primera parte trata de su vida. Y yo más bien la llamaría "excéntrica" o "rarita" Fumador Sonrisa Gigante