s?bado, 03 de diciembre de 2005
Leonas


La joven Keri se acostó a la sombra para hacer la digestión de la gacela que había cazado minutos antes. Por primera vez en muchos días tenía el estómago lleno. Casi no recordaba lo agradable que era sentir ese peso en el interior.

Sus hermanas dormían a su lado, pegadas las unas a las otras, igualmente satisfechas. Había sido una buena caza que tardaría en repetirse, y más en aquella época en que los ríos se secaban y las tierras se agostaban, obligando a los animales a buscar otros territorios más fértiles.

Sobre la colina dos leones machos vigilaban con ojos soñolientos, mientras lanzaban enormes bostezos. La vasta sabana se extendía ante ellos, azotada por los rigores del sol de la estación seca.

De pronto, la leona despertó sobresaltada. Rugió y se paseó por entre sus compañeras para llamar su atención.

-¿Qué demonios te pasa? –preguntó la hembra más vieja de la manda, lanzando un manotazo de advertencia a la joven que perturbaba su sueño con aquellas alharacas.

-He vuelto a soñar con el Paraíso –dijo Keri, excitada. Varias docenas de ojillos felinos se clavaron en el enflaquecido cuerpo de la leona.
-No existe ese Paraíso. Olvídate de fantasías. Haces concebir esperanzas vanas a tus hermanas –gruñó la matrona, observando de reojo como se agitaban sus hermanas, sobrinas e hijas.

Keri agachó la testuz durante un segundo; pero pronto se encaró con la vieja.

-Lo he visto claramente –insistió-. Esas criaturas de dos patas eran los guardianes del Paraíso. Muchos animales estaban en jaulas, también leones; pero nunca faltaba de comer. Todo era felicidad, cánticos… No tenían la sabana pero tampoco hambre. Y había miles de ángeles que adoraban a los animales…

-¡Basta! –gritó la anciana leona-. Los hombres son nuestros enemigos. No son ángeles sino todo lo contrario. Si te vieran te matarían. Y lo harían solo para demostrarse que pueden hacerlo o por puro placer, para que todos vean lo fuertes que son.

-Angra, tienes que creerme. He oído rumores de leones que se fueron hacia el horizonte y fueron llevados por los ángeles…

-¡Los mataron! ¿Es que no lo entiendes? No quiero volver a oírte hablar de tonterías delante de la manada. Nuestra vida es dura pero vendrán tiempos mejores. No necesitamos paraísos.

Keri se alejó del grupo a paso ligero. Angra era una leona acomodaticia y conservadora que carecía de visión de futuro. Estaba harta de su actitud de sabelotodo. Desde cachorra los sueños de Keri se habían cumplido en con una exactitud implacable. Eso le había permitido encontrar agua en plena sequía o advertir mucho antes que ningún otro león una manada de gacelas. A ella le debían la supervivencia de la familia. ¿Es que no se daban cuenta de que todo lo hacía por su bien? Naturalmente, un don semejante le había granjeado la envidia de sus hermanas. Ellas sabían que tenía razón, y no podían admitirlo.

Trotó con dirección al horizonte con la caída de la tarde. Durante una luna viajó hacia el Norte, de donde llegaban las historias de los animales arrastrados al Paraíso. Casi no comía; bebía el agua turbia de las últimas pozas. Esperanzada como estaba con la idea de alcanzar ese lugar mítico con el que se soñaba a diario, no se dejaba dominar por el miedo, el hambre y la soledad. Añoraba los olores de las leonas de su sangre; todo era tan diferente al Norte del Valle. La estación seca estaba siendo muy dura. Por el camino encontró esqueletos y restos putrefactos constelados de moscas. A pesar de las dificultades, siguió adelante, en busca de un mundo mejor.

Un día, encontró a los ángeles. Eran seres de dos patas, orgullosos, que brillaban en medio de la llanura. Sintió deseos de correr hacia ellos; a la vez, su instinto le pedía lanzarse sobre sus carnes apetitosas y devorarlos. Se contuvo; con timidez se les fue acercando. Los hombres, al principio sintieron temor, mas pronto esgrimieron extraños artilugios y se mantuvieron a la expectativa, envalentonados. Le lanzaron una red; Keri se dejó atrapar.

Pasaron varias lunas antes de que llegaran a la ciudad de los hombres. Durante todo el trayecto había estado en una jaula como la de sus visiones, en compañía de más leones y leonas; en otras había visto guepardos y panteras, y animales de muchos tipos. Todos parecían aterrorizados, a pesar de que los ángeles los alimentaban puntualmente con grandes trozos de carne fresca y sana. Keri engordó en ese tiempo.

Los hombres la llevaron a un lugar oscuro, donde también había jaulas, más grandes y más pobladas. Un olor intenso a león escapaba de ese recinto. Los rugidos eran violentos; parecía que quienes los proferían no eran amados por los ángeles, pues tenían hambre.

Pero pronto también fueron malos con ella. No le daban comida; se habían olvidado de su favorita. Por un instante, lamentó la osadía que la había conducido a un destino lejos de su familia. Tal vez Angra tuviera razón y todo aquello no fuera más que un engaño. Los hombres eran malos.

Una tarde al despertar en la jaula escuchó los cánticos que preludiaban el Paraíso y que tantas veces había escuchado en sueños. Sabía que ese era el momento en que ellos la adorarían. Se irguió con renovadas ilusiones. Los ángeles abrían las jaulas y los conducían al exterior. ¡Sí, era igual que en sus sueños! En unos minutos se vio en medio de un extraño edificio de forma circular poblado por miles de hombres que gritaban. En el centro, en un círculo de arena, otros hombres cantaban y lloraban. Vio que los leones se lanzaban sobre esas criaturas y las comían con fruición. Entonces se dio cuenta de que aquellos debían de ser ángeles caídos que los ángeles buenos les ofrendaban. No lo dudó: ella también devoró unos cuantos y sació su apetito. Había alcanzado el Paraíso por fin. Su sueño se había cumplido: nunca más tendría hambre.
Escrito por reginairae @ 23:15  | Relatos y Ficción
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Comentarios
Escrito por Thersuva
domingo, 04 de diciembre de 2005 | 20:38
Para mí tu mejor relato, cargado de ironía, significados y crítica, con un final que es como un mazazo, pone todo en su lugar y te hace ver la relatividad de temas tan serios como las creencias.
Escrito por reginairae
lunes, 05 de diciembre de 2005 | 18:08
Bueno, ya sabes que odio escribir relatos, jaja, que me gusta más escribir en largo... En fin... Si te gusta será que tiene algo de bueno, ejem... Angelito Otro día cuelgo ese que tanto aprecias, el de los ojos rojos... Un relato con mucha profundidad, ejem, ejem... Dormido
Escrito por Thersuva
lunes, 05 de diciembre de 2005 | 18:13
Bueno, que este relato me gusta pero le sacaría defectillos, eh.

Como eso de hombres en lugar de personas o humanos, y que quizá le vendría bien una revisión para ajustar el texto, pero contenido creo que tiene mucho, en ese sentido está logradísimo.

"Estoy desenado releer "Ojos rojos", el que problablemente me parece tu peor relato. Angelito Sonrisa Gigante Ardiendo