martes, 14 de febrero de 2006
Eterno masculino, qué buenorro está éste jejeje



Iván dormía como un bebé, abrazado a la almohada, semi-cubierto por las sábanas, mostrando unos brazos y piernas velludas, como los de un osito. Porque había dicho que se llamaba Iván, ¿no? Bueno, daba igual. El caso es que ahí estaba, en su cama, roncando plácidamente, revolviéndose de vez en cuando. Casi ni se atrevía a dejar de mirar. Era tan guapo. El amanecer estallaba a sus espaldas, al otro lado de la ventana. Sus ojos, no obstante, preferían deleitarse en la contemplación de aquel cuerpo atlético, masculino, hermoso... Apretó los labios para evitar que se le escaparan suspiros de satisfacción, e incluso gritos; también cerró los ojos con fuerza, no por mucho tiempo. Cómo le atraía. Pero qué belleza. Él hacía hermoso no solo el cuarto, no solo las sábanas, los muebles, los cuadros, sino el día mismo. El mundo tenía una nueva conformación. El cambio estaba en el aire: se trataba de un fuerte olor a colonia o a loción de afeitar; igualmente, estaba sobre la piel de sus dedos. Lo había tocado, había introducido esos dedos finos de secretaria entre sus labios, había rozado sus orejitas. Aún tenía en el oído sus sollozos de placer. Le había dicho cosas tan bonitas.

Pensó; fue un repente; le dio por ahí: “¿Y si le hago el desayuno?” Eso supondría tener que dejar de mirarlo. Un breve sacrificio que afrontó con dolor. Corrió a la cocina; preparó un café y unas tostadas; exprimió tres naranjas; se dio un poco de prisa. Cuando él despertara tendría que verlo todo perfecto. Entonces se daría cuenta de que había encontrado a la mujer elegida por el Destino; en efecto, el mundo había cambiado. Ya nada podría ser lo mismo.

Ah, ya se desperezaba. Hasta sus bostezos le parecían de un atractivo insuperable. Se rascó la tripa; tenía cara de sueño. Dijo algo así como: “Hummmmmm”, mientras bizqueaba. Una súbita aceleración del pulso casi la hizo desmayar. Él repitió lo mismo: “Hummm”. Con gesto desconcertado miró a su alrededor, a ella (“Ay, qué emoción”), a las paredes, pintadas de un rosa de lo más cursi, a los cuadritos de punto de cruz, a las esculturas que había pintado en el taller de manualidades y que ocupaban casi todo el espacio sobre las mesitas de noche. Luego vio el desayuno. Trató de hablar, pero algo se lo impedía. Se llevó una mano a la garganta. Parecía que luchaba por aclarársela. Sus cuerdas vocales tenían un nudo.

-Come, querido esposo; necesitas recuperar fuerzas -dijo ella, a punto de reventar de gusto, acercándole la bandeja con los platos y el café humeante.

Él seguía luchando por pronunciar palabra; la frase de la mujer le había cambiado el rostro de color. Estaba rojo, quizás de consternación, quizás de miedo. Trató de recordar lo ocurrido la noche anterior. Si la memoria no le fallaba había entrado en un night-club y se había sentado junto a la barra. Ella se le había acercado. Sí, hubiera sido imposible olvidar aquel vestido de niña bien pasada de moda que llevaba. Casi le habían entrado ganas de reír al observar sus andares modosos y su mirar recatado. Pero le había invitado a su casa; sin condiciones, sin explicaciones; ni se le pasó por la imaginación rechazar ofrecimiento tan generoso.

Y ahora estaba allí; y ella lo había llamado “querido esposo”.

-¿No te gusta? ¿Quieres otra cosa? -susurró la mujer, al ver cómo su invitado buscaba en vano sobre la cama y por debajo de ella su ropa- Lamento que no sea de tu agrado. Tenías que haberme dicho que sueles desayunar. Bueno, tenemos todo el tiempo del mundo para conocernos. Verás como terminamos sabiendo uno del otro hasta el pensamiento más íntimo. Ay, amor mío: eres tan guapo.

Él, al borde de la desesperación, mostrando sin rebozo la totalidad de su estampa masculina, trató de saltar sobre la cama para llegar a donde estaba la anfitriona, quien, apenas se apercibió de ello, e intuyendo una intención violenta, corrió fuera del cuarto, aterrada.

Lo encerró bajo llave. Él aporreaba la puerta, mientras las lágrimas de la mujer corrían por sus mejillas.

-No sé por qué me haces esto, Iván. Supongo que todos los matrimonios tienen sus crisis. Yo estoy dispuesta a perdonarte, de veras. De todos modos tienes que poner un poco de tu parte -le gritó, a través de la hoja de madera-. Has sido muy malo. Pero sé que vas a cambiar. Tenemos todo el tiempo del mundo. Y tengo muchas infusiones que te harán feliz. Infusiones para evitar que digas palabras malsonantes de esas que os gustan a los hombres; para relajarte cuando estés tenso; para alegrarte cuando estés deprimido... Vamos a ser tan dichosos, cariño.

El hombre que no se llamaba Iván escuchó estas palabras muerto de miedo. Había dejado de golpear la puerta.
Publicado por reginairae @ 20:46  | Relatos y Ficción
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Comentarios
Publicado por Thersuva
martes, 14 de febrero de 2006 | 21:13
Hummm, qué relato más apropiado para el día de hoy... Angelito

Noto en el texto cierta influencia de los telefilmes de sobremesa ¿acierto? Parece que eres muy aficionada... Sonrisa Gigante

Por cierto, aunque sea tan previsible está bien escrito. Fumador
Publicado por reginairae
martes, 14 de febrero de 2006 | 22:20
En realidad, no me gustan mucho mis relatos, jaja. Pero la foto sí me gusta... DemonioAngelito
Publicado por Valeya_B
martes, 14 de febrero de 2006 | 23:53
Irae, ¡Qué hermoso relato! ¿Qué prosa tan romántica y florida! Amor


¿Es autobiográfico? Fumador
Publicado por Invitado_arberiano
martes, 14 de febrero de 2006 | 23:55
Veo que desprecias a tu protagonista. La pintas un poco cursi, hiper femenina y servicial. NO!


¿Es autobiográfico? Ojos locos
Publicado por Gay Gomez
martes, 14 de febrero de 2006 | 23:58
Soy Gay, Gay Gómez. Me ha gustado la foto del torsazo, pero no es el de Iván. Iván lo tiene peludito... Ojos locos
Publicado por reginairae
miércoles, 15 de febrero de 2006 | 1:00
jajaja, sí, el torso es lo mejor, aunque no sea peludo... Si lo llego a saber, le pongo algo de vello con el Photoshop... Demonio


Y no es autobiográfico... Angelito
Publicado por Valeya_B
miércoles, 15 de febrero de 2006 | 1:10
Vaya, yo hubiera jurado.... Angelito