El Cultural -Magazine de El Imparcial

domingo, 26 de febrero de 2006

Regina Irae - Parte I - II

CAPITULO 2


Lippershey


Mientras, en la biblioteca, Ariane aprovechaba su soledad para curiosear un poco. Se preguntó si el profesor habría leído todos los libros por cuyos lomos deslizaba los dedos. Porque aunque eran en general de muy hermosa factura, ediciones caras, buena calidad en la encuadernación, el contenido se presumía en algunos casos escabroso y en otros, aburridísimo.
Hojeó algunos de los que estaban sobre las repisas. “¡Ah, bueno! Mucha historia y pocos fantasmas”, se dijo, complacida, mientras sostenía en sus manos las famosas obras del Dr. Artús Valsán Manual Histórico de Folklore Arberiano y Mitos y Leyendas de la Vieja Arberia: pudiera ser que, después de todo, Lippershey fuera un científico cuerdo.
Sobre un atril de hierro forjado descubrió un ejemplar de El Paraíso Perdido de Milton, que la atrajo por los maravillosos grabados de Gustave Doré que lo ilustraban. Se extasió con todos aquellos dragones, diablos, monstruos del Averno y edénicos paisajes no mancillados por la desobediencia primera. No pudo evitar, no obstante, que sus ojos resbalaran hacia uno de los párrafos, subrayado con tinta roja por una mano desconocida y desaprensiva:

Sumido entre tinieblas y eternas nubes, apartado de las gratas sendas de la vida humana, no me ofrece el libro cuyo estudio es tan interesante más que una inmensa página en blanco, donde están borradas para mí las obras de la naturaleza, y la sabiduría halla encerrada en uno de mis sentidos la puerta que más fácil entrada le dejaría.
Brilla, pues, dentro de mí con más esplendor ¡oh, celeste luz! Ilumina con tus rayos las potencias todas de mi alma; pon los ojos en ella; purifica y presérvala de las sombras que la envuelven para que pueda ver y narrar las cosas invisibles a la vista de los mortales.


¿Se sentiría el profesor identificado con las elevadas aspiraciones del Antiguo Enemigo allí expuestas?, pensó Ariane.
No le dio tiempo a espiar más: de pronto, resonaron los pasos secos y firmes del amo del castillo. Saltó sobre la silla y se quedó quieta como una estatua simulando ser la más modosa de las criaturas.
Sir Alex entró en la biblioteca; avanzó con pasos largos hacia el sillón y volvió a ocupar su sitio.
-Lamento esta interrupción -dijo, educado, pero con una ligera molestia-. Antes de entrar en materia, permítame que me presente.
»Me llamo Alexander Jonathan Graham Lippershey, y soy como dicen ustedes los arberianos, un hijo de la Gran Bretaña, a pesar de mi apellido holandés. Puede llamarme Sir Alex, a secas...
-¡Ah, Sir Alex! -repitió Ariane, fascinada-. De modo que es usted un caballero de verdad, un aristócrata...
-¡No, aristócrata no! -exclamó él, risueño-. Es verdad que corre por mis venas sangre de la mal llamada “noble” (mi madre era hija de un conde); se lo digo en serio, no siento ningún apego por ella. Soy un defensor a ultranza de la meritocracia. Su Graciosa Majestad Británica me convirtió en caballero por mi “inapreciable contribución al avance de la ciencia del siglo XX”, pero no me pregunte a qué se referían los promotores de mi glorificación con exactitud. -Lippershey, que había hablado con ironía, río y rió, y no a poco volumen-. Con franqueza, hubiera preferido que me premiaran con un millón de libras esterlinas; ¡eso sí que es útil de verdad! Aunque mentiría si negara lo halagador que me resulta que por tan flacos méritos una mujer bonita como usted me mire de ese modo...
Ariane se ruborizó como una adolescente y no sólo por el piropo que acababan de echarle. Los ojos del inglés, que habían ido resbalando por mejillas, cuello, y hombros, mientras hablaba de la Reina y todas esas cosas egregias, se habían detenido sobre la curvatura de sus pechos. El trance duró apenas medio minuto, pero a la señora Lavalle se le puso la carne de gallina.
-Bien, ejem, vayamos al grano –dijo sir Alex, tomando de nuevo la palabra tras maquillar los destellos de su mirada con un colirio de fingida indiferencia, usual entre los ingleses rectos, de edad provecta, y nobile loco natus -. Echemos una ojeada a su currículum vitae.
Con dos golpes de vista, aprehendió los datos más relevantes: estudios, experiencia, estado civil, mecanografía, idiomas, conocimientos informáticos, "estado civil"...
-Hum, está usted divorciada, ¡qué interesante! -murmuró Sir Alex, lanzando sus ojos incandescentes por encima de los espejuelos-. Me gusta: eso significa que no hay ningún hombre que interfiera en su vida. Porque no tendrá novio o algo así, ¿eh?
-Pues no -respondió ella.
-¡Cómo debe ser! -apostilló, enfático, mister Lippershey-. El emparejamiento es un estorbo cuando se tienen entre manos empresas de rango superior. Si analiza las biografías de los más conspicuos filósofos descubrirá que casi todos ellos permanecieron célibes. No es casualidad; el apego amoroso es un rasgo de inmadurez emocional y una traba al libre albedrío...
Parecía que iba a continuar con su defensa de la soltería, pero cambió de tema al observar la cara abrumada de Ariane, que no estaba soltera por gusto, sino porque su marido se había largado con una jovenzuela algunos años atrás.
-Esto será divertido: le voy a hacer un test para evaluar sus conocimientos sobre la parapsicología y materias afines... Le leeré unas palabras relacionadas con mi trabajo y usted tendrá que definirlas, decir lo que sepa o lo primero que se le ocurra. No hace falta que se extienda: una frase corta es mejor que una larga. Quiero rapidez, agilidad... ¿Ha comprendido la mecánica de la prueba?
Ariane se echó a temblar.
-Sí, señor -dijo, con voz entrecortada.
-Para empezar seré bueno y le pondré una facilita: “abducción” ...
“¡Uf, qué palabreja!”, pensó Ariane, hecha un flan. Decidió usar la fantasía.
-Pues debe ser cuando te secuestran los espíritus, aunque no tenía ni idea de que esas cosas sucedieran en nuestros días -respondió, desinhibida.
-Transcomunicación -murmuró él, frunciendo el ceño.
-¡Cómo no sea hablar a distancia sin usar el teléfono!
-Rasputín.
-Esa la he visto: salía Christopher Lee con unas barbas...
-Estado Ganzfeldt
-Es que a mí el alemán se me atraviesa un poco.
-Bilocación.
-¿Perdón; ¿cómo ha dicho?
-Psicofonía .
-Parece una enfermedad de la garganta.
-Psicocinesis .
-Hum, ésa aún tiene peor aspecto...
-Experiencia cercana a la muerte…
-¡Eso sí sé lo que es! -exclamó Ariane, con cara de funeral de tercera-. Ahora mismo sufro una.
La ocurrencia hizo saltar en pedazos la hierática máscara del profesor, quien prorrumpió en un ataque de risa.
-¡No me lo puedo creer: no ha dado una en el clavo! -dijo, colocándose las manos en las sienes, asombradísimo.
-¡Oiga!, ¿Cómo que no? -protestó Ariane, sobreponiéndose a su vergüenza- ¿O acaso me va a negar que Christopher Lee hizo de Rasputín una vez?
Lippershey, carcajeándose aún, abrió una gaveta de su escritorio y extrajo de ella una cajita oro y grana, que despedía un acre aroma de tabaco; levantó la tapa, tomó un habano con el índice y el pulgar; lo pasó por delante de sus narizotas; lo guillotinó, y le prendió fuego.
-Alegre esa cara -dijo, en tono paternalista-. Sus conocimientos sobre el tema son nulos. Pero eso no tiene importancia; después de todo yo ya sé lo suficiente. Está contratada. No me apetece seguir entrevistando a más gente. Soy un hombre muy ocupado... Sé que es usted lo que necesito…
Ariane abrió la boca de pura perplejidad. ¿Estaría soñando?
Lippershey no le aclaró sus razones; se puso de pie, y se dirigió hacia el mueble-bar de diseño modernista que tenía a mano derecha. Con desenvoltura, abrió la puerta, y violentó el depósito de bebidas. Parecía que quería celebrar el acuerdo a lo grande.
-¡Oh! Por mí no se moleste. No quiero tomar nada -susurró Ariane, saliendo por fin del estupor.
-Pero si no es molestia, ¡todo lo contrario! Además, no pretenderá que beba solo, con la mala fama que da eso.
-Bueno, si insiste "tanto", beberé con usted, pero que conste que lo hago para no perjudicar a su reputación.
El escanció el jerez en las copas con elegancia.
-Porque la concordia guíe siempre los pasos de nuestra relación profesional -susurró, levantando la copa para hacer un brindis según la fórmula arberiana-. Salut, bona camarilia!
Ambos sorbieron con deleite la droga. “No cabe duda de que haremos buenas migas; incluso podría ser una estupenda esposa para mí”, pensó Lippershey, acariciándose el rostro, mientras se congratulaba de haber adquirido en el mercado de esclavos aquella secretaria tan encantadora y de tan buen gusto.
-Es preciosa su casa -decía, ella entre sorbo y sorbo, ajena a los turbios pensamientos del profesor-. Pero, ¿no le da miedo vivir rodeado de esta gentuza? Oh, yo no podría dormir tranquila. Me he fijado en que ni siquiera tiene rejas en las ventanas.
-Mis vecinos saben por experiencia que no guardo nada de valor (le contaré un secreto: las antigüedades son falsas), exceptuando a mi persona, bueno, y desde hoy a usted...
Para curarse el rubor, a Ariane no se le ocurrió mejor remedio que echar otros dos dedos de jerez a la garganta.
-Esta casa y usted (no se enfade) -musitó, con la voz cada vez más vinosa-. Todo es tan raro. Eso de la bilocación y del aporte ¿Puede saberse a qué se dedica? Pero, de verdad, digo. Si supiera lo que pensaba antes de venir... Por cierto, ¿gana mucho con este negocio?
Lippershey sonrió.
-Los viles metales no me interesan. Soy un científico sui generis. Pero ya que me lo pregunta, mi mayor interés es el estudio de la mente, la última frontera de la ciencia. Lo que de veras importa está aquí dentro -dijo, señalando una de sus sienes plateadas-. Ovnis, licántropos, aparecidos, telepatía, todo se explicará algún día, cuando se comprendan los mecanismos más misteriosos de nuestro cerebro.
-Pero un hombre tan serio como usted, un caballero, perdiendo el tiempo con fantasmas y naves caídas en desiertos; no es lógico -cortó Ariane, desbaratando los planes de Lippershey, que ya había tomado carrerilla para lanzarse a otro discurso.
-La lógica suele ser aburrida, y yo soy cualquier cosa menos eso, ¿le divierte mi compañía? Cuando hablo, quiero decir -preguntó el hombre, ligeramente irritado por la interrupción.
-Desde luego, Sir Alex.
-Y que conste que no lo dice por bailarme el agua...
-¡Soy totalmente sincera!
-Oh, sí, la creo: in vino veritas.
-Quizá en este vino suyo no esté la verdad, pero el caso es que está riquísimo...
-¡Por supuesto! Lo he elegido yo.
Aunque él lo había dicho totalmente en serio, a Ariane le entró la risa.
-Mañana por la mañana he de hacer un pequeño y desagradable viaje a Barglava –explicó Lippershey, cambiando bruscamente de tema-. Pero por la tarde ya podrá comenzar a pasar a limpio estos apuntes para mi próximo libro –prosiguió, arrojando sobre la mesa un grueso dossier, que quedó envuelto en una nube de polvo.
-¿Y cuál es ese asunto tan desagradable que le lleva al Valle del Mende? -inquirió la mujer, curiosa.
-¿Ha oído hablar del “Monstruo de Barglava”?
Ella negó con la cabeza.
-Pues se trata de un ser detestable: ataca a animalitos indefensos (y a veces a personas) y les sorbe hasta la última gota de su sangre, amén de practicarles mutilaciones del todo indecorosas. Por lo visto, ha vuelto a actuar; ¡ah! los que maltratan a los animales deberían ser apartados de las filas del género humano. Y los que se los comen ¡no digamos!
A Ariane le entraron palpitaciones en el estómago.
-Caray, ¿es usted vegetariano? -preguntó.
-Desde mi más tierna infancia no ha entrado en mi boca ni un gramo de carne. A los diez años descubrí a la cocinera de la familia degollando un pollo: la expresión de aquel animalito en su agonía me impresionó tan vivamente que me juré a mí mismo que jamás propiciaría un crimen semejante... Supongo, por la cara que pone, que no comparte mi actitud...
-Perdone mi ignorancia; pero no veo la relación entre un monstruo chupasangre y la parapsicología ¿Por qué tiene usted que investigar esas muertes? –dijo ella, para desviar la atención hacia otros asuntos menos escabrosos.
-En realidad no es un caso mío.
Del cajón del escritorio Sir Alex extrajo un diario. Se lo tendió a la mujer. En primera página, la fotografía de unas vacas muertas suscitó la sonrisa a Ariane.
-Lea, lea... -sugirió Lippershey haciendo con su larguísimo índice un movimiento pendular.
Ariane abrió el periódico y busco el artículo que desarrollaba la información de la portada.

El monstruo de Barglava ataca de nuevo
Barglava, 2 de octubre de 199*.

30 vacas de raza holandesa, propiedad del ganadero Lucián Faenza, aparecieron anteayer muertas en extrañas circunstancias.
El descubrimiento se produjo a las 19:00 horas cuando el señor Faenza, alertado por la intranquilidad de su ganado, acudió a la finca y establos que posee en Algaliot, a unos quinientos metros de Barglava. Allí pudo comprobar que varias de las reses yacían muertas sobre el pasto. El señor Faenza, que ya ha sido víctima de ataques semejantes, puso el suceso en conocimiento de las autoridades locales, personándose de inmediato en el lugar de los hechos los dos gendarmes del retén de la Policía Rural, el sargento primero Benedit Baradur, el alcalde señor Varnais y el veterinario del pueblo Dr. Valeris. Este último, después de examinar a los animales observó que no contenían ni una gota de sangre. Presumiblemente, la extracción se realizó a través de dos orificios situados a la altura del cuello, según reza el informe necrópsico.
Un vecino del pueblo, que quiere mantenerse en el anonimato, manifestó a nuestro reportero desplazado a Barglava que sobre la misma hora en que sucedió la matanza de Algaliot le pareció ver una sombra negra que se deslizaba por entre las arboledas en el paraje conocido como Silvain. Esta información, unida a los macabros hallazgos hace temer que estemos ante el regreso del ser (popularmente conocido como “El monstruo de Barglava”) que hace un año sembró el terror en el Valle. Como recordarán los lectores, el modus operandi de esta supuesta criatura de metro y medio de alta, color negro, olor nauseabundo y patas de cabra, coincide con el del asesino de las reses, por lo que no se descarta que pudieran estar relacionados
Los habitantes de Mende, aterrorizados, han expresado su desazón por la pasividad de las autoridades que aún no han explicado comprensiblemente los acontecimientos de años anteriores. ”Si pillamos al hijo de mala madre que nos está fastidiando, tenga por seguro que lo colgaremos de un árbol patas arriba, sea animal, hombre o monstruo” ha declarado a nuestro enviado especial el señor alcalde de Barglava. Órganos competentes del gobierno, mientras tanto, minimizan lo ocurrido, achacándolo a la acción de una manada de perros silvestres “fácilmente controlable” y piden a los ciudadanos que no se dejen llevar por el “pánico y la histeria”
Asimismo, expertos consultados por nuestra redacción señalan, en consonancia con los comunicados oficiales, que todo se debe a “causas naturales” aunque no han especificado cuáles.

Ariane dejó de leer; tenía los ojos entornados; en sus labios había también una mueca que denotaba incredulidad. Lippershey tomó la palabra:
-Supe por primera vez de este suceso hace treinta años, cuando la Universidad me envió al Valle a investigar. Según los supersticiosos moradores de los pueblos de montaña, terribles monstruos descendían de naves de otros mundos y se perdían en los bosques a la caza de víctimas. Pero mi sincera opinión es que quienes hacen esas burradas son como usted y como yo, más tarados, eso sí, pero hombres y mujeres al fin y al cabo. Oh, sí: esos groseros ataques son obra de representantes típicos de nuestra raza: hastiados, ociosos y estúpidos.
-Entonces, ¿sabe quién mata a los animalitos? -preguntó Ariane, con la boca abierta de par en par.
-Yo apostaría a que han sido “Las Hijas de la Tierra” -declaró Sir Alex-. Una secta que opera en el Principado con toda impunidad. Son una de mis obsesiones. Durante muchos años he seguido sus pasos: son malvadas, sacrifican animales y personas a la diosa Geirtrair (algún día lo demostraré) y están dirigidas por una perturbada mental que, casualmente, es una de las aristócratas de mas renombre de Europa...: la duquesa de Miramar, Cristina D'Armani. Por fortuna ya no está entre los vivos la mujer que la instruyó en las malas artes y que seguro que conoció de oídas, aunque supongo que nunca supo de esta oculta faceta de la difunta baronesa Anabel Spengler...
¿La baronesa de Fortcastel y la duquesa de Miramar devotas de dioses paganos que exigían sacrificios de sangre? La señora Lavalle se escandalizó.Las personas sobre las cuales Sir Alex había vertido tan graves acusaciones siempre se habían distinguido en su vida pública por un impecable proceder: Ariane no imaginaba a la aristócrata por excelencia, dueña de palacios y castillos de ensueño, merodeando por el monte con unas cuantas colegas aficionadas a beber sangre humana y danzando en cueros a la luz de la luna: era ridículo. Las personas refinadas que han estudiado en colegios suizos, se dedican a jugar al golf y lucen sus galas y patrimonio en las revistas de la vida social (esas que Ariane, por supuesto, no leía, pero miraba "por encima" de vez en cuando). ¡Decir que Cristina D'Armani perdía el tiempo invocando los poderes de una diosa olvidada! ¡Decir que la fallecida Anabel Spengler era... !
-Una auténtica arpía -tronó Sir Alex en un tono bastante irrespetuoso, teniendo en cuenta que se trataba de una muerta-. Yo la conocí bien: era una de esas personas desquiciadas que se zambullen en lo oculto por pura inclinación natural; que no respiran sino es aire corrompido y putrefacto; que se creen mentiras manifiestas, sólo porque son antiguas y que arrastran a otros al lado de la Sombra por el placer de sentir que tienen el control. Aman el derramamiento de sangre, y esperan recibir como recompensa de sus actos piadosos la sabiduría, cuando ésta sólo se da a aquellos que cultivan su intelecto y veneran a la Razón. Esa mujer tenía un espíritu tan negro y poderoso que aún pervive en las enfermizas almas de sus secuaces... -Lippershey interrumpió, de repente, su emocionado y progresivamente paroxístico parlamento-. Es que cuando hablo de esas elementas me sulfuro y pierdo la noción del tiempo. No me haga caso: ellas no son las culpables de todos los males del mundo, aunque sí de una buena parte de los míos...
»Hum, habrá pensado que soy un desconsiderado. Me distraigo contándole mis historias y diciendo tonterías y no le hablo de sus futuros cometidos en esta casa. Supongo que ya se habrá imaginado que me gusta que mis empleados sean diligentes, puntuales y ordenados, y que posean iniciativa, además de saber preparar el té, pero tampoco soy un tirano. Le doy permiso para leer algún libro interesante (como puede observar, tengo muchos); y no tenga reparos en ir a la cocina a tomar un refrigerio: todo está su disposición. Ah; y cuando llamen por teléfono para pedir hora recogerá los recados; sin citar a más de dos personas por día, una por la mañana y otra por la tarde; miércoles y viernes sólo tardes; de nueve a una estoy en la universidad y no recibo... Ahí está la agenda...
Ariane leyó una palabra extraña escrita sobre la tapa de la agenda.
-¿Puede saberse qué es una ‘regresión’? -preguntó, abriendo el librito, lleno de anotaciones vigorosas e ilegibles.
-Una regresión consiste en llevar a un sujeto atrás en el tiempo mediante la inducción de un estado sofrónico o hipnótico; una especie de viaje mental al pasado...
-Ah, ya entiendo; he visto en la tele a hipnotizadores que hacen creer a un tipo que fue perro en otra vida y éste se pone a ladrar y andar a cuatro patas.
-Eso es una farsa -replicó él, categórico-. Además, yo prefiero usar la sofrosis, una técnica que permite al paciente mantener la consciencia. No es mi estilo dormir a la gente; aunque haya alguno que diga que mis libros son soporíferos; en realidad, son sólo profundos, pero hay mucha envidia e ignorancia. Los médicos no me perdonan que permita al enfermo curarse a sí mismo. Yo, por lo menos, intento aliviar a mis pacientes, eso es más de lo que muchos de ellos hacen, y también cobran lo suyo. -Sir Alex echó una mirada pícara a la señora Lavalle-. ¿Por qué perder el tiempo con explicaciones? La sabiduría está en la experiencia; si quiere saber lo que es hagamos una. Ahora mismo podemos viajar al momento sublime en que fue concebida, ¿no le excita la idea? -Lippershey no esperó la respuesta; ágil como un gamo, saltó de la mesa donde estaba apoyado y agarró con firmeza a Ariane por la muñeca-. Vamos, no sea tímida; acuéstese en el diván.
-¡No, no! -dijo ella, desasiéndose y echando a correr-. Que yo no creo en esas cosas... Mejor hábleme del monstruo, que me tiene muy intrigada. ¿Ya lo van a detener?
-Dudo mucho que las fuerzas del orden se ocupen en serio de estos asuntos -opinó Sir Alex, anudando las manos a la espalda e inclinando el tronco sobre la mujer-. Hace décadas que sucesos de la misma índole acontecen en el mundo; jamás se ha detenido a nadie. Ni siquiera los parapsicólogos hemos dado una explicación satisfactoria del fenómeno... Además, el caso de Barglava es responsabilidad del doctor Adamski, un individuo que no ha averiguado todavía donde tiene la mano derecha...
Lippershey, de pronto, consultó su reloj de pulsera.
-Bien; ahora he de marcharme a hacer unas compras; de modo que usted también. Este enojoso asunto ya está resuelto de la mejor de las maneras -dijo, acompañándola a la puerta, con súbita impaciencia-. Del papeleo y esas cosas nos ocuparemos mañana. Recuerde, mañana a las cuatro y media. ¡Qué pase una tarde agradable en compañía de sí misma, que después de la mía es la mejor que puede conseguir! Goodbye!
A Ariane no le dio tiempo ni a despedirse; Sir Alex cerró la puerta de inmediato. ¿De verdad era un científico cuerdo? Lo que sí era seguro era que Eva y Eduart no se lo creerían ni un millón de años.

Comentarios

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  • Fecha: domingo, 26 de febrero de 2006
  •  | 
  • Hora: 18:44

Autor: Valeya_B

Irae, ¡qué mono el nuevo Lippy! Sonrisa Gigante

Aunque lo siento por sir... Demonio

  • Fecha: domingo, 26 de febrero de 2006
  •  | 
  • Hora: 23:56

Autor: reginairae

Ejem,no sé qué estás insinuando... Ojos locos

  • Fecha: lunes, 27 de febrero de 2006
  •  | 
  • Hora: 0:05

Autor: Valeya_B

¡Vergüenza tendría que darte, Irae! Fumador

  • Fecha: lunes, 27 de febrero de 2006
  •  | 
  • Hora: 18:51

Autor: Thersuva

Ya echaba de menos tu prosa rebuscada y barroca... Sonrisa Gigante

En cuanto al argumento, por ahora está misterioso e interesa seguir leyendo a ver qué pasa.

  • Fecha: lunes, 27 de febrero de 2006
  •  | 
  • Hora: 19:59

Autor: reginairae

Bueno, ya sabes que el original primigenio era aún peor jaja, así que no te quejes, que es una opera prima de esas con una prosa aún no muy ajustada...
Pero sigue, sigue leyendo jajjajaja hacer pedazos

  • Fecha: martes, 28 de febrero de 2006
  •  | 
  • Hora: 0:45

Autor: Perdonavidas

¿Cristina D´Armani es familia de Armani? ¿Está basada en hechos reales?

Bueno, interesante mamotreto, Reginairae, sigue adelante con tu afición a la escritura.

¡Apuntas maneras! Fumador

  • Fecha: martes, 28 de febrero de 2006
  •  | 
  • Hora: 9:15

Autor: rluzmila

Hola amiga Covadonga.
El nuevo Sir Alex no me gusta.
Siento mucho que se te hayan pedido casi todos tus dibujos que tenías, y especial el de Sir Alex. Realmente lograbas sacar ciento parecido con nuestro AmorChristopher Lee.

No cortes la entrevista. Mi consejo es que la dejes desde el principio de la entrevista hasta la parte que dice: La tremenda expresión de placer que exhibió el caballero al recibo del elogio dejó patente cuán receptivo era a la adulación.