Habana blues
Dirección: Benito Zambrano.
Guión: Benito Zambrano y Ernesto Chao; basado en un argumento de Benito Zambrano.
Música: Juan Antonio Leyva y Magda Rosa Galván.
Países: España, Cuba y Francia.
Año: 2005.
Duración: 115 min.
Género: Comedia dramática.
Reparto:
Alberto Joel García Osorio (Ruy), Roberto Sanmartín (Tito), Yailene Sierra (Caridad), Tomás Cao Uriza (Alex), Zenia Marabal (Luz María), Marta Calvó (Marta), Roger Pera (Lorenzo), Julie Ladagnous (Valerie).
Argumento:
Ruy y Tito son dos jóvenes que tratan de abrirse un camino en el mundo de la música, en La Habana, Cuba. Cuando unos productores discográficos españoles les ofrecen un contrato para viajar a Europa y grabar un disco, surgen los conflictos: el contrato implica meterse en política (criticar al régimen de Castro) y ambos amigos tienen diferentes posturas al respecto...
Comentario:
Esta película me gustó más que la anterior de Zambrano (Solas), aunque me costó un poco meterme en un argumento tan costumbrista como el que ofrece, ya que yo soy más bien de películas de aventuras, fantasía, etc...
Tito y Ruy desean vivir de la música
La estructura está muy bien pensada, al igual que el guión. Primero nos presenta a los dos músicos y su entorno, centrándose especialmente en Ruy, que vive con su mujer y sus dos hijos, pero está en trámites de separación. A través de esta familia vemos algunas de las preocupaciones e inquietudes de la sociedad cubana, como los parientes que están en el exilio, el deseo de marcharse de Cuba, la precariedad económica, etc, factor, éste último, que también se muestra con detalles como los vehículos totalmente anticuados que usa la gente, o el estado de conservación, un poco dudoso, de las calles de la ciudad.
Ruy y su familia
Así pues se van intercalando escenas de la vida personal con la trama musical. La música, por cierto, es muy importante en esta película, no solo por el hecho de que los protagonistas se dediquen a ella sino porque, por un lado, la muestran como una parte fundamental casi, de la cultura cubana y de la vida de las personas (los amigos se reúnen, por ejemplo, y cantan varias canciones; siempre hay motivo para cantar), y por otro, hay muchísimas canciones intercaladas (de todos los estilos, algunas de ellas muy bonitas), hasta el punto que podría considerarse casi una película musical.
Una de las actuaciones musicales
Los actores están todos muy naturales, sobre todo los cubanos. A los españoles les toca hacer de “malos” o más bien de representantes del “capitalismo”, y tal vez por eso, resultan algo antipáticos. Algunos personajes secundarios son estupendos, como el de la abuela de Tito, que es una viejecita fuerte, culta y admirable.
El grupo y la abuela que les hace los coros
Esta película tiene una carga más moral que política. En un punto del argumento, la amistad de los músicos es puesta a prueba y sobrevive a pesar de todo. Cada uno de ellos representa una visión de la vida: Ruy quiere ser fiel a sí mismo y no “venderse” al sistema, aunque eso implique quedarse en Cuba; Tito sueña con una vida diferente en Europa y está dispuesto a someterse a las claúsulas abusivas del contrato. El director resuelve la papeleta sin decantarse claramente a favor de ninguna de estas opciones, aunque parece que siente más simpatía por la “heroica”, la de ser fiel a las convicciones. También da la impresión de que se pasa como de puntillas sobre el problema “político” (el régimen de Fidel Castro), para no incomodar. Se centra más en la vida cotidiana que en las ideologías. Sin embargo, se percibe cierto tufillo de simpatía hacia la tendencia izquierdista.
El director de la película, Benito Zambrano
Para una persona europea como yo resultan curiosas de ver algunas facetas de la vida descrita en la película, que no sé si serán acertadas o no, como la extrema liberalidad de los cubanos, tanto sexual como en otros aspectos (la fiesta de “divorcio”, que es alegre y divertida, etc) y su amor desmedido a la música.
Es una película de ritmo sosegado (lento), costumbrista, con mucha música, y con un final muy emotivo, pero que peca por ser demasiado “políticamente correcto”. No obstante, está llena de buenos detalles, como ese teatro donde actúan, con un agujero en el techo por donde se ve el cielo nocturno...