domingo, 30 de abril de 2006
Desde el infierno (2001)
Dirección: Albert Hugues y Allen Hugues.
Guión: Terry Hayes y Rafael Yglesias; basado en la serie de libros de comics de Alan Moore y Eddie Campbell.
Países: USA, República Checa, 2001.
Duración: 110 minutos
Reparto:
Johnny Depp (Fred Abberline), Heather Graham (Mary Kelly), Ian Holm (Sir William Gull), Jason Flemyng (John Netley), Robbie Coltrane (Peter Godley), Lesley Sharp (Kate Eddowes), Susan Lynch (Liz Stride), Terence Harvey (Ben Kidney), Katrin Cartlidge (Dark Annie Chapman), Estelle Skornik (Ada), Paul Rhys (Dr. Ferral), Ian McNeice (Robert Drudge), Ian Richardson (Sir Charles Warren), Nicholas McGaughey (oficial Bolt).
Argumento:
Inglaterra 1888. En el barrio londinense de Whitechapel comienzan a aparecer prostitutas brutalmente asesinadas.
El inspector Abberline es el encargado de investigar los crímenes.

Abberline, el encargado del caso
Comentario:
Adaptación de un cómic de Alan Moore y Eddie Campbell que desconozco y con el que por tanto no puedo comparar, la película pretende resolver el misterio de Jack el Destripador.
Para ello plantea varias posibilidades, ninguna de ellas original, que abarca sospechosos desde los bajos fondos (maleantes que cobran a las jóvenes por dejarlas vivir) a conspiraciones masónicas o miembros de la familia real británica que establecen relaciones poco recomendables.
En realidad Abberline no se toma en serio la mayoría de las opciones, que, para mí, están ahí más como una muestra de la hipocresía de la época victoriana que como un intento de despistar al espectador.
Besándose por los callejones
Ya cuando se hace cargo del caso y sugiere que el asesino ha de ser alguien de alta clase social su superior dice a Abberline “No puede haber sido un inglés”, y cae en el ridículo de mostrar un cartel del espectáculo de Buffalo Bill y sugerir que pueden haber sido extranjeros, indios norteamericanos.
Es de esa misma fuente de donde salen teorías ridículas como culpar a los judíos, carniceros, peleteros etc, sufriendo que cualquiera de ellos podría tener los conocimientos médicos precisos para llevar a cabo las operaciones y extirpar los trofeos. ¡Cualquiera menos un inglés!
Esta crítica social se manifiesta desde el comienzo de la película, con una imagen del perfil de Londres contra un cielo teñido de rojo, mientras la escena va descendiendo varios estratos sociales de clase media con familias discutiendo a través de las ventanas hasta llegar a lo más bajo, como si fueran las alcantarillas de la ciudad, el East End, el barrio de Whitechapel, donde la gente vive de noche, en las calles, entre la niebla y la suciedad que les rodea.

Abberline y Godley investigan los crímenes de Jack
Es en la recreación de la época y costumbres, de los contrastes sociales (los médicos ricos a los que visita Abberline se entretienen exhibiendo a John Merrick – el hombre elefante – o jugando a las logias masónicas) y el horror que aquejaba a los indefensos (la escena de una especie de lobotomía y el interior del manicomio es terrorífica), donde más acierta la película, llegando a sumergir en la miseria e insensibilidad humanas.
También los decorados: la niebla, antros, callejones oscuros, planos de edificios, coches de caballos... contribuyen a dar verosimilitud a la ambientación histórica.
De interés son los colores utilizados durante las visiones de Abberline, que muestran la violencia de los asaltos (siempre de forma poco explícita, aunque puede herir algún estómago sensible), entre el rojo de la sangre y el verde de la absenta, o la forma en que el destripador se desvanece en un par de ocasiones en la oscuridad y la niebla, invisible entre la violencia del barrio.

Abberline sigue investigando
Sin embargo, parece descuidada la trama detectivesca, cuya resolución no tiene el menor misterio o tensión y, sobre todo, los personajes.
La principal característica de Abberline, consumidor habitual de absenta mezclada con láudano y otras sustancias que le ayudan a “recrear” los crímenes, es apenas aprovechada en el guión. Una escena en sus delirios recuerda su viudedad y poco más.
No se explica el origen de las visiones, y si se sabe algo de él es gracias a pequeños gestos como el respeto con el que trata a las víctimas (cómo les coloca la ropa o las toca para examinarlas), su carencia de prejuicios sociales (capaz de enamorarse de una prostituta a la que nunca se ve ejercer) o el empeño a lo perro de presa de continuar en el caso aunque le destituyan.
Abberline pide ayuda a Sir William Gull
Peor suerte corre el personaje de Mary Kelly. De todas las candidatas a víctimas del destripador, Mary resalta por lo fuera de lugar: En ningún momento parece una profesional hastiada de la vida, amargada y destruida, al contrario, siempre está resplandeciente, sensible, atractiva e inteligente., en contraste con la degradación que se ve en el comportamiento y aspecto de sus compañeras.
Igualmente poco creíble, e innecesario, es el improbable romance que brota entre Abberline y Mary, hasta convertirse un gran amor cuyo desarrollo carece de credibilidad. Ver el momento en que un policía de uniforme les encuentra besándose como adolescentes en un callejón.
Fred Abberline y Mary Kelly tienen tiempo de enamorarse
Los mejores personajes están entre los secundarios.
El sargento Godley siempre con la cita poética oportuna, protector y seguidor del inspector, el médico de la realeza Sir William Gull (esos ojos...), Netley, el cochero al servicio del destripador, un ser entre simple, siniestro y aterrorizado, o el forense siempre a punto de vomitar que no puede examinar los cadáveres, son muestra, junto a las prostitutas que serán víctimas del destripador, de personajes interesantes.
Con todo, la película resulta entretenida: el guión consigue encajar y justificar todas las piezas, y hasta tiene su punto de melodrama, aunque queda la sensación de que se le podría haber sacado mucho más partido a una historia a priori muy atractiva que tiene en el aspecto visual su mejor baza.
El Cómic
*** T ***


