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Clive Owen rodeado de fans y caza autógrafos
Un paseo por San Sebastián en época de Festival de Cine puede ser una experiencia difícil de olvidar. Calles abarrotadas de actores, actrices, directores, fotógrafos, periodistas e incluso gente que no tiene ni idea de cine.
En esta época, el punto neurálgico de la ciudad es el hotel Mª Cristina, y más concretamente su entrada trasera. Así que, allí nos dirigimos el pasado sábado en nuestra expedición cinefágica.
Cuando llegamos, los caza autógrafos ya llevaban un par de días asentados en el camino de entrada al hotel. Gente de todas las edades, pero especialmente jóvenes y adolescentes que llegan a montar guardias de hasta 12 horas esperando ver aparecer a ese famoso que les firme un autógrafo y se avenga a aparecer en una foto con ellas.
El primer avistamiento tuvo lugar a eso de las 13:30. David Trueba salió paseando tranquilamente, sin excesivo barullo de fans. Miguel Ángel Silvestre, un joven actor ilusionado por la atención de las jovencitas, que se empujaban para hacerse una foto con él, posó largo y tendido con sus fans.
Jose Coronado, junto a Federico Luppi, siempre educado
Jose Coronado, en plena promoción de su película "La distancia" se paraba con todo aquel que le llamase y tras agarrar por la cintura y posar para la foto, daba amablemente las gracias. "¡Qué bien huele!" decía una admiradora tras apartarse de él.
Los fans montan guardia pacientemente, pero atentos al movimiento de los fotógrafos, que les indica cuándo va a llegar el famoso. Todo coche oficial que se acerca es sometido a fuerte escrutinio, caza autógrafos y prensa se moviliza ante la llegada de taxis y coches oscuros. No, esta vez no, viene vacío.
Los jóvenes que llevan todo el día, todos los días, apostados a la entrada del hotel son una fuente inagotable de información. Conocen casi al segundo la hora de llegada de tal o cual artista, los minutos que lleva de retraso y las razones de su ausencia. Llevan la cuenta de los que han salido a comer, de los que ya han vuelto, de por qué puerta van a llegar y casi de la agenda diaria de los famosos que se alojan en el hotel más famoso de Donosti.
Juan Diego atiende a las fans
Juan Diego llega y se va sin atender a sus fans. Tiene prisa, le espera un taxi. Más tarde, volverá a salir y se dejará fotografiar a gusto, contestando a las preguntas de sus jóvenes seguidoras sobre la continuación de la serie de televisión "Los hombres de Paco", que le ha dado a conocer entre las nuevas generaciones.
Un grupo de chicas aparece con una pancarta de colores. "Clive, come here, please!" reza la cartulina. Ayer se esperaba a
Clive Owen, el británico actor de "El rey Arturo" y "Closer", que viene a presentar la película "Children of Men" junto a Alfonso Cuarón. Pero… "se han cancelado muchos vuelos por el aviso de tormenta", explica una chavala muy enterada. Así que llega con retraso. Pero sus fans están avisadas y aguardan, foto y rotulador en mano. Una de ellas, aprovecha la espera para amamantar a su tranquilo bebé mientras mira inquieta a ver si se acerca algún mercedes oficial. "¡Anda, que si te pilla así Clive!", comenta pícara su amiga.
Max Von Sydow, premio Donostia 2006
El que aparece es Max Von Sydow ("El padre Merrin", susurra alguien), con sombrero de paja y andar anciano. Las masas le llaman, pero él sólo sonríe a los fotógrafos acreditados, posa y se adentra en el hotel. El día siguiente recibirá el premio Donosti a su carrera.
Ha saltado el rumor de que a las 14:30 llega José Saramago, miembro del jurado, y, efectivamente, así es. El escritor se baja del coche y enfila hacia el hotel, pero una relaciones públicas (?) le susurra algo al oído y el nóbel se acerca al público. Hay una mujer que le cuenta que ha llegado desde Pontevedra para verle, se hace una foto con él y le pide una dedicatoria en su libro. Saramago la atiende pacientemente, y se ve rodeado de más jóvenes que solicitan su autógrafo. Los fotógrafos del Festival revolotean alrededor del premio Nóbel, inmortalizando el momento.
"¿Cómo te llamas?", pregunta Saramago a una adolescente que le tiende un papel. "Eneritz". El escritor pone cara de póker. "¿Qué significa tu nombre?" "No lo sé", reconoce la chavala. "¿Cómo es posible que no sepas lo que quiere decir tu nombre?" insiste Saramago. El hombre parece algo molesto por tener que firmar tantos autógrafos y, solícita, aparece a su lado la relaciones públicas que le dice algo en voz baja. El portero también quiere una foto con el ilustre. Ambos hombres posan para la posteridad.
Se ha corrido la voz de que Clive Owen está al llegar y se ha ido acercando más gente que se sitúa detrás de las vallas. Los fotógrafos están "puestos" como perros de caza. Huelen su presa. Las fans también. Miran nerviosas los coches. Una persona de la organización del Festival se acerca y cierra la valla para que nadie salga del espacio acotado. Es la señal que todas esperaban, Clive se acerca. El coche llega a la puerta y el actor sale raudo y se dirige a las escaleras.
"Clive, come here, please!"
"¡Clive, Clive!", cantan las fans. El actor se vuelve, ve el cartel, sonríe, baja las escaleras y se acerca a firmar autógrafos. El jolgorio es mayúsculo. Rápido, profesional, todo se desarrolla en unos pocos minutos.
Los fotógrafos, que han perdido la foto en la escalinata del hotel, corren tras el actor para retratarle firmando rodeado de fans. Se arma un buen barullo. ¡Al fin esto parece un Festival Internacional de Cine!
Una joven irlandesa que se encuentra entre el público le saluda, él pregunta de dónde es. Desaparece rápido dentro del hotel. "Mira, ¡ha puesto mi nombre!" "¡Le he tocado la mano!" Las fans están exultantes. En un festival marcado por la ausencia de grandes estrellas, el británico actor de seductores ojos verdes es lo más cercano al premio extraordinario que van a ver los caza autógrafos este día.
Un cámara de televisión se acerca a las chicas de la pancarta y les pide que la cojan y la agiten mientras gritan el nombre de Clive mirando a lo lejos. Se ha perdido la escena real y pide que la recreen para él. Ellas se prestan encantadas, aunque sus gritos no suenan igual sin la inspiración de la presencia del atractivo actor. "Como me vea mi marido", susurra una de ellas.
Clive Owen
El momento ha pasado. Las fans de Owen entran en el hotel y se dirigen a los lavabos. Allí, comentan la jugada, las oye una mujer de la organización del Festival. Charla con ellas. "Y, ¿vas a estar con Clive?", pregunta anhelante una fan. "Procuraré estar el menor tiempo posible", responde ella enigmática.
En seguida, aparecen sin llamar tres muchachotes de la organización. "Seguridad del hotel", dice uno. Las mujeres del lavabo se quedan mudas y asombradas. ¿Qué está pasando?
"Habéis traído una pancarta", dice uno de los vigilantes del orden, explicativo. "Sí", responden ellas dubitativas. Los hombres no acaban de decidirse, no saben qué hacer. Quizás piensen que las fans se han escondido para acechar al actor. Uno de los encargados traspasa la puerta y se encuentra a una de las admiradoras de Clive cambiándole el pañal a su bebé. Si hubiera entrado unos minutos antes, la habría pillado dándole el pecho. La situación es algo surrealista. Nadie mueve pieza.
Los impresionantes muchachotes optan por irse y las mujeres no salen de su asombro. "Por un momento he pensado que nos iban a registrar", comenta una de ellas. "¡Vámonos!"
Iñarritu discreto
En la terraza del Mª Cristina, Federico Luppi es entrevistado para la televisión. González Iñarritu sale del hotel y nadie parece reconocerle. Llega a su coche con tranquilidad y una chica entre las que esperan le lanza un coqueto"¡adiós!". El cineasta la mira y le devuelve el saludo.
Los caza autógrafos conocen al dedillo la dinámica del Festival y van siguiendo a los famosos allí donde van. Hace unos años, se les podía seguir hasta el photocall pero la organización piensa que los fans no dejan trabajar a los fotógrafos y desde hace un tiempo cierra el acceso a la gran explanada pública desde la que se hacen las sesiones fotográficas.
En San Sebastián hace buen tiempo. A pesar de los alarmistas avisos de tormenta en el norte del país, brilla un sol de justicia y, paseando por la calle, una puede cruzarse con Barbet Schroeder o Agustín Almodóvar, que gozan de un anonimato que otros rostros más conocidos no pueden disfrutar.
El Kursaal es la gran sede del Festival. Allí tienen lugar las ruedas de prensa, y allí nos dirigimos. Esta tarde le toca a Clive Owen (¡De nuevo! ¡Parece perseguirnos!) y a Alfonso Cuarón, que presentan su película "
Children of Men" dentro de la sección "Perlas de otros festivales".
Owen y Cuarón, dos hombres frente a la prensa
De nuevo, el acceso está limitado a la prensa acreditada, pero una gran pantalla permite seguir las incidencias del evento. Los periodistas dirigen sus preguntas principalmente a Cuarón, y un Clive Owen ensimismado y serio sonríe y se quita presto los auriculares para responder.
Cuando acaba la sesión, los periodistas mitómanos se apresuran a acercarse al actor y director para pedir un autógrafo o una foto. Pocos son los afortunados que lo consiguen, Owen, tímido, parte raudo... y se encuentra con una fan que le espera pegadita a la puerta de su coche.
"¡Una foto, Clive!", canturrea la muchacha. "I can´t! It´s raining!" , responde el galán sonriente mientras un guardaespaldas de la organización le pega un empujón a la admiradora.
En efecto, al final, los pronósticos del tiempo se están cumpliendo parcialmente y ha empezado a llover con fuerza.
El sábado llovió en San Sebastián
Pero algo tan prosaico como unas gotas de lluvia no es suficiente para desanimar a las aficionadas al cine en su vertiente mitómana y las puertas del hotel Mª Cristina son asediadas cada vez por más gente. Los fans pisan la alfombra roja, que rezuma agua.
Ahora se extiende el rumor de que
Viggo Mortensen está a punto de llegar por la puerta principal. Las jovencitas que esperaban en la puerta trasera corren presurosas hasta la delantera. La gente que pasa pregunta, rutinariamente, "Oye, ¿quién viene ahora?". Les dicen que Alatriste, y se quedan también a esperar.
Un redactor de la televisión de Aragón se acerca a entrevistar a las fans. Ellas, en correspondencia, le piden un autógrafo. Me alejo, pero vuelvo la cabeza y veo que el joven periodista está dispuesto a complacerlas.
González Iñarritu sale de nuevo del hotel. Va a hacer footing, y, de nuevo, pasa desapercibido. Alfonso Cuarón habla por su móvil apoyado en la puerta del Mª Cristina. Tampoco nadie parece reparar en él. Dentro, Isabel Coixet, con unos impresionantes zapatos de tacón en azul cobalto con pedrería, charla con David Trueba. Llega Cuarón y los tres se hacen una foto juntos. También los directores de cine son mitómanos.
Se abre la puerta del ascensor delante de ellos. En el interior, un cincuentón y dos mujeres en albornoz parecen ligeramente azorados. Se han confundido de piso y, en lo que la puerta tarda en cerrarse, la gente les mira y se sonríe.
Cae la noche en Donosti. En el hall del Mª Cristina una chica sigue preguntando por Clive...
***Valeya***