El Cultural -Magazine de El Imparcial

miércoles, 04 de abril de 2007

Regina Irae, Parte II - Capítulo 40

CAPITULO 40

Thule


(extractos del diario de Iulius Klaines)

8 de diciembre de 1954

Hoy, durante la celebración del ritual, cuando las velas se apagaron y esa luminosidad verde que acoge a lo divino en sus manifestaciones inundaba la sala, sentí verdadero miedo de Anabel.
Mientras un demonio se materializaba ante nuestros ojos ella ha buscado mi rostro, y con su sola mirada me ha confortado, infundiéndome paz y valor. Pero ese súbito y extraño acopio de coraje, que mi alma interpretó como ajeno, duró lo suficiente como para hacerme rozar el espanto. Con la fuerza de la mente, arrojé de mí aquella paz impuesta, casi creo que sólo para probar que era capaz de vencerla. El engendro espectral que estaba entre nosotros, construcción conjunta de nuestras mentes y de la matriz cósmica, lentamente cambiaba de forma sembrando con su presencia el pavor en el círculo. Pero Anabel y yo sólo nos mirábamos, a través del monstruo, de un translucido variable. Ella se irritó porque no pudo conmigo; porque preferí mi pánico genuino a la serenidad que me ofrecía. No es la primera vez que me pone a prueba. Lleva meses estudiándome. Ha reconocido en mí un poder espiritual auténtico. Mi vida entera está consagrada a la Gran Obra; soy, como ella, un ser que por amor al estado angélico, desgarraría la carne que lo aprisiona...

10/12/54
‘Anabel hizo una obra de caridad con ella, pero no nació para las intrigas y lo sobrenatural.’ Le expliqué a Ander, cuando me preguntó quién era aquella mujer que estaba en Fortcastel con la Baronesa. ‘¿Eso te ha dicho? Yo creo que es una de ellas’

1/1/55

Las prácticas de meditación y las privaciones comienzan a dar su fruto. He tenido una nueva visión sobre la Reina de la Ira. He de perseverar hasta liberar por completo mi energía kundalini. Dejar que la magia me guíe en el año que ahora comienza.

3/1/55

Ander me ha contado que Theodor ha vuelto a recibir una carta del führer Siegfried donde le incita a la rebelión contra los poderes capitalistas y a aplicarse en la práctica de los ‘misterios de la sangre’. A él todo lo que tenga que ver con la magia le repugna. ‘Esas tonterías contaminan el verdadero espíritu de nuestra ideología’, me dice, y sé que no reprocha sólo la obsesión de Heinrich sino también la mía. ‘No creo en nada de eso’, insiste, ‘Hitler acabó por librarse de todos los astrólogos y brujos. Por algo sería. Anabel es una influencia nefasta para nuestro líder. Le lleva por donde quiere. Además, ella, que tan mal habla de los capitalistas, es millonaria, y no creo que por negocios limpios. ¿De dónde saca tanto dinero? Pero eso no es lo peor: no me gustan sus contactos con esos grupos de adoradoras de la Antigua Religión.’ Para tranquilizarle he tenido que decirle que son mujeres del todo inofensivas, pero no olvido lo que me insinuó Marián. Ayer estaba muy triste. Hablaba de su bebé como si, aún no nacido, fuera portador de la desgracia. Pobrecilla. Me da tanta pena. Es una buena mujer que ha ido a caer en un lugar que no le corresponde.


6/1/55

El éxito me sonríe: una vez más he soñado con el taller de Milanovi donde se grabó la lápida de la leyenda. Debo verificar la realidad de su existencia. No sólo se trataría de un hallazgo de importancia histórica, sino que otorgaría a un ser terrible y poderoso como la Reina de la Ira, Geirtrair, señora de las montañas, corporeidad, un lugar en la historia como antes lo tuvo en el mito (...)...

8/1/55

En la calle san Saturnino permanece, muy camuflado, un fragmento del lienzo de la muralla que contemplé en mi visión... El taller debería estar por debajo del edificio que ocupa el número 9. No he realizado más que una inspección superficial de la estructura interna de la casa (que, por suerte, hace dos años que fue abandonada).
Una escalera de peldaños grises y sucios conduce al sótano, un rectángulo grande, oscuro, con una pobre bombilla colgada del techo como única iluminación; aún muestra el cometido que, en tiempos debió de realizar: montones de muebles rotos y apolillados, arrumbados junto a las paredes, pudriéndose bajo una espesa capa de polvo... Entre toda aquella fábrica de construcción reciente (no más de doscientos años) destacaba a ras del suelo un fragmento minúsculo de opus romano. Mi emoción se disparó a cotas sublimes. ¡Que una piedra pueda desatar tal tormenta en el pecho de un hombre es algo que muy pocos entenderían!


20/1/55

Han vuelto a denegarme el permiso para realizar la prospección y excavar. Esas viviendas son propiedad privada; según esos necios de la Universidad no hay ‘evidencias sólidas’ que justifiquen una expropiación. Me siento desolado. Ander me ha dicho: ‘¿Cómo esperabas que tuvieran en cuenta unos sueños?’ Quizás deba mentir. Falsificar algún documento que aluda a aquel emplazamiento. Tengo que pensar... Sé que allí está el taller...


21/1/55

Hoy, en la Sociedad Thule intenté sonsacar a Theodor sobre ese misterioso Fürher. No fue muy claro. Empezó a hablarme de cosas extrañas, de platillos como los que vio el piloto Kenneth Arnold en el monte Rainer. Le dije que no creía en esas paparruchas, sólo en la magia que brota de nosotros mismos y tiene su conexión con los poderes cósmicos. En ese instante, llegó Anabel y reprochó mis dudas:
‘¡No es ninguna tontería!’, exclamó, bastante enojada ‘Siegfried, nuestro director en la sombra con la aquiescencia de Hitler, ha ordenado a todos sus agentes que nos sumemos al plan de conquista más ambicioso jamás urdido por mente alguna. Cada época tiene sus mitos, pues bien, nosotros estamos asistiendo al nacimiento de uno que dará que hablar en los siglos venideros. Esos platillos como tú los llamas, forman parte de nuestra escuadrilla de choque, porque la guerra no ha acabado. Se libra en otros frentes. Has de saber que en estos instantes, miles de científicos del Reich continúan con sus investigaciones, bajo el amparo de las naciones. Pero un grupo selecto de ellos, en un lugar oculto, prolonga las glorias de la Alemania Nacionalsocialista, enfrascados en los mismos propósitos, y las naves de los científicos arios ya surcan los aires. Nuestros ingenieros han descubierto, además, la manera de proyectar imágenes sobre el cielo. Haremos creer a la gente que somos visitados por seres de otros planetas más evolucionados. Nos dejaremos ver, ya como vehículos de existencia objetiva, ya como proyecciones, y la fantasía del hombre hará el resto. Al tiempo difundiremos historias sobre extraterrestres que correrán como la pólvora, que si una nave se ha estrellado aquí, que si otra ha descendido allá. Haremos correr el rumor de que los servicios secretos de los gobiernos están detrás de todo, que destruyen pruebas, que incluso son ellos mismos dueños de tales ingenios, prototipos militares, con lo que lograremos que la masa desconfíe de sus dirigentes. Cuando el pánico sea general y la gente abomine de sus demócratas jerarcas nos presentaremos como los salvadores de la raza. En el futuro dispondremos de máquinas capaces de simular la realidad. Tendremos el poder en nuestras manos. Iulius, podremos adoptar la apariencia de extraterrestres o de dioses. La nueva Herrenvolk será invencible porque será invisible. Una raza de superhombres, inmortales. Nos haremos aliados de los que mandan. Y en el tiempo futuro, cuando el fruto esté maduro saldremos a la luz. Se convencerán de que somos los ‘Hermanos mayores del espacio’, fingiremos cederles nuestra tecnología a cambio de carta blanca para actuar ¡Qué gobierno rechazaría una oferta así! Ellos creerán que dominan los países de la tierra, pero detrás estaremos nosotros. Para entonces ya habremos extendido nuestro mito a todos los rincones del planeta’
Confieso que me entró la risa, pero a la vez una extraña inquietud al ver como Theodor asentía todas y cada una de las aseveraciones de Anabel. Esa mujer tiene el poder en la palabra y en los ojos. Todos creen en ella. E incluso yo siento miedo cuando me mira, y hasta me inclino a aceptar cada frase que sale de su boca. Pero, por otro lado, la heterogeneidad de sus creencias me deja en la duda: ¿de verdad cree en todo lo que dice? ¿Cuál es su verdadera fe?

26/1/55

Esta noche ha llegado Marián a mi casa descompuesta. ‘No soporto cuando dice que le gusta mi cuerpo’ Y se acaricia el vientre abultado, donde duerme su bebé. No es la primera vez que me insinúa el interés de Anabel por ella, pero al instante me corrige: “No es afinidad erótica sino algo más perverso: le atrae la maternidad”. Me río. Me produce tanta ternura esta mujer desvalida. Recuerdo la primera vez que se acercó a mí, a pasitos, como temerosa de que nadie la viera. ‘Nunca había estado en Fortcastel’, me dijo, o tal vez fue ‘Nunca había estado en Arberia’ y luego, al sentir que alguien, Anabel, bajaba las escaleras de mármol, se escabulló de nuevo como un conejo asustado. Mientras lo recordaba, la tomé entre mis brazos. Ella se sintió feliz. Sus ojos verdes se llenaron de tranquilidad. ‘Eres lo único bueno que he tenido en mi vida. Aunque Anabel me haya criado es mala, muy mala. Hace cosas espantosas’. Nada de lo que me diga Marián sobre Anabel puede sorprenderme, y aún así escuche con horror sus confesiones: ‘El ritual, ha sido aterrador. Hemos matado a una criatura. Pero a ella todo le da igual. Disfruta con esto.’ Le rogué que se calmara, pero ni yo mismo tenía sosiego. ‘Tienes que alejarte de ella; ven a vivir conmigo’, le supliqué. Ella negó con el rostro destrozado. ‘Me matará, me despedazará. Tú no la conoces.’ ‘Sí, sí que la conozco’ ‘No’, insistió Marián apretándome contra su pecho, echándose a llorar. ‘Es inhumana’ y comoquiera que yo me sonreía, añadió, enfatizando: ‘No de este mundo’ Por un instante quise reír, hasta se me quedó la mueca fijada, pero al observar el extraordinario temblor de sus miembros, me puse serio. ‘Anabel es un ser enigmático, que ha construido su vida sobre mentiras y fabulaciones’, le expliqué ‘A Theodor lo tiene engañado con sus historias del Fürher Siegfried. Hasta le ha dicho que sus ‘amigos’ le harán inmortal. Posee una extraordinaria y peligrosa capacidad para inducir al trance a los demás.’ Marián me puso el dedo en los labios: ‘No, Iulius. Estoy segura de que no es como nosotros. Y cuando me mira sé que quiere algo de mí. Me atormenta insinuándomelo, porque mi terror alivia algo dentro de ella. Temo también por el niño. Ni siquiera el pobre Slavia es feliz en el castillo. Porque aunque la quiere más que nada en el mundo, sabe, como yo, que es una mala persona. Sería capaz hasta de inmolarlo. Si se entera de que te he contado esto, me matará’ Le acaricié el cabello. ‘Estás perdiendo la cabeza, Marián. Slavia es hijo suyo, y si a ti te recogió es porque algo bueno tiene. No creo que pretenda haceros daño. Si hubiera querido...’ Entonces Marián se levantó y me dijo, en un tono casi desquiciado: “Hay algo en su mirada... Parece una locura. Yo misma creo que es absurdo. Pero esa furia parece alimentada por la misma llama que la de su diosa... Su rostro es diferente; pero, ¿acaso los dioses no presumen de poder cambiar de forma?’ Al decir esto temblaba y casi lloraba. Y yo me asusté, no sólo porque parecía demente sino porque entendí perfectamente lo que me quería decir.

28/1/55

Entré en la vía San Saturnino sin que nadie me notara. Ahora tengo la sensación de avanzar en el tiempo: me veo a mí mismo, descubriendo la tierra que me separa del taller; el silbido de la lámpara me produce un éxtasis apenas comparable al placer que me suscita el saber que he culminado con éxito una empresa... Estoy inspirado, valiente; una vez más, Iulius, el mago, guía a Iulius el arqueólogo...

2/2/55

He tratado de convencer a Marián para que vaya al médico. No se encuentra bien: tiene alucinaciones y delira. Pero ha rechazado mi ayuda. “Ella me castigará. Pero ya es bastante condena vivir ¡Ojalá pudiera dormir una hora! El sueño me atormenta; sé que ella aprovechará para invadirme con sus atroces fantasmagorías. La Señora del Reino de los Sueños, como el Diablo, nunca duerme...” Su obsesión aumenta conforme se aproxima el momento del parto, y no puedo hacer nada por evitarlo. Anabel no quiere que nos veamos. La ha pedido que no salga del castillo. La obedece en todo. Carece de voluntad. Pero Anabel me ha dicho ‘¿No te das cuenta de que Marián está muy enferma?’

5/2/55

Slavia me ha traído una carta de Marián. El chico no la ha abierto aparentemente. Aunque me extraña que Anabel haya sido tan ingenua de permitir que cosa semejante saliera de los muros de Fortcastel. El contenido del sobre me ha dejado petrificado: por un lado, su mensaje, por otro, un par de cartas como las que la manda el Fürher Siegfried a Theodor. Ella misma me explica de dónde las ha sacado: hay una habitación secreta en el castillo donde descubrió hace tiempo cientos de ellas a máquina, manuscritas; en limpio, borradores; de fechas diferentes; en varios idiomas; dirigidas a camaradas nuestros de todo el planeta... “Ellas son quienes las redactan”. Me gustaría que me explicara quienes son ‘Ellas’. En la carta asegura que ha visto en tal escondrijo informes sobre todo tipo de sociedades secretas: masones, rosacruces, sectas satánicas... Insinúa que Anabel se dirige a cada uno de ellos con un nombre distinto. “Por eso viaja tanto: necesita estar en contacto continuo con sus miles de sectarios”
No daba crédito a sus palabras: misivas con destino a sectas satánicas en las que solicita “carne fresca para la gran Sacerdotisa”, especificando, incluso, detalles tan macabros como la forma de torturar a criaturas de poca edad, durante el mayor tiempo posible antes de rematarlas cruelmente; sugerencias a políticos de altísimas esferas internacionales sobre las excusas más efectivas para provocar guerras en regiones conflictivas; menciones al arte de la guerra económica mediante la cual la minoría rica sume al resto de la humanidad en la hambruna y la miseria; arengas a líderes religiosos para que pusieran más celo en la conservación del mensaje de sus respectivos profetas; textos modelo de libros supuestamente dictados por extraterrestres como el de Urantia; proyectos de guerras futuras, armas innombrables... Me he sentido mal, porque a trechos he creído en la lucidez de Marián. Ni un minuto he podido dormir dándole vueltas a la cabeza. Estas revelaciones son tan espantables que no pueden ser ciertas, y sin embargo, Marián asegura tener pruebas. No sólo todos nuestros esfuerzos en pro de la causa han sido vanos, sino también los de miles de personas en todo el mundo, afiliadas cada una a su ideal, más o menos perverso o noble. ¿Quién es en verdad Anabel Spengler? ¿De dónde ha salido? ¿Qué oscura agencia del mundo capitalista la ha enviado a Arberia para controlarnos?

15/2/55

Marián se encuentra mucho mejor. Fui a visitarla a su casa. No quiso hablarme del asunto de la habitación secreta. Toda nuestra conversación versó sobre el bebé. ‘Anabel me ha prometido que cuidará de mi niño si me pasa algo’ ‘Pero ¿qué te va a ocurrir?’ le pregunté. ‘Eso nunca se sabe’, respondió, con una media sonrisa. ‘Tengo miedo a la muerte, ¿sabes?’, añadió, ‘Me gustaría ser inmortal. Hay gente que lo es’. En la manera como pronunció esta palabra me recordó a Theodor. Extraña mujer que en un momento me habla de como será su hijo cuando nazca y al siguiente habla de la muerte y de la vida eterna... ‘Hay gente que lo es’ ¿Quién lo es?

22/2/55

Extrañamente Anabel ha permitido marchar a Marián y ella ha decidido regresar a su país, pero me ha dejado una carta: “No logro sacarme de la cabeza esta idea insidiosa de que ella recibe órdenes de algo que vive detrás del Espejo, y ese algo es la Reina de la Ira; mi cerebro que cree y no cree, en las fases de sensatez se revela. Quisiera estar equivocada pero sé que, al final del día, me visitará una nueva pesadilla; y que el resto del tiempo agonizo por culpa de un sueño del que, quizá, yo misma sea causante. La mirada fascinadora de Anabel logra el milagro de sumirnos en un estado de éxtasis; mi imaginación hace el resto: sé que eso es lo sensato. Pero se acabó. Me iré para tener mi hijo lejos de aquí, donde pueda hallar la paz. No quiero acabar como Slavia... Él cree ¡Dios mío! No puedo ni repetirlo... Adiós, Iulius. Jamás olvidaré lo que has hecho por mí; eres la única persona que me ha tratado como un ser humano.” Hubiera podido salir a buscarla, pero sé que a estas horas estará en algún lugar desconocido. Si Anabel quería volverla loca, lo ha logrado; lo intenta con todos cuantos la rodean, incluso yo empiezo a sufrir pesadillas y visiones. Pero mi mente es mucho más fuerte. Realizaré un ritual de protección contra ataques psíquicos y rogaré a los espíritus que protejan a Marián allá donde se encuentre. Yo no caeré.

5/3/55

Después de una semana removiendo la tierra antigua que está tras el doble paramento de la muralla, por fin, he dado con un vestigio de interés; lo he anotado en mi diario de excavaciones con las manos temblorosas por la emoción: un fragmento de mármol que no ha visto la luz desde hace miles de años...”Inscripción epigráfica uncial” probable siglo III d. C.. Es un trocito minúsculo que vale por todo un mundo.
A eso de las 2:00 tropecé con un muro nuevo; el taller del lapicida, pensé, y me maravillé de que en tantos siglos y después de varias construcciones se hubiera preservado este tesoro sólo para que yo lo encontrara. He de seguir perforando, yendo hacia atrás en el tiempo. Presiento que estoy cerca... Sólo espero que el techo del tosco túnel que he horadado no se me venga encima, acompañado del peso de la Historia.

6/3/55

Creo que Anabel sospecha que Marián me ha contado algo. Cada vez que la encuentro parece suspicaz y recelosa. La evito, pero parece que busca mis pasos. No deja de recordarme que ‘está enferma, muy enferma’


8/3/55

No he dejado a la vista más que dos metros cuadrados. Dado lo inhumano de esta tarea me doy por satisfecho. Nuevo hallazgo: dos tablillas de cera, las inscripciones garrapateadas en ellas no se leen; un bloque de piedra en bruto... ; sesenta centímetros de banco corrido.

15/3/55

Por mucho que insistí, Theodor no me hizo caso. No quiere saber nada de Las Hijas de la Tierra. Miró hacia otro lado, y fingió que no había escuchado lo de los sacrificios humanos y los textos de la habitación secreta. ‘Tú tienes acceso fácil a Fortcastel. Averigua si Marián dijo la verdad. Averigua si existen esas pruebas”. Hasta le he contado la ubicación del cuarto. Me estremeció su frialdad. Había una niebla en su mirada que me hizo preguntarme hasta qué punto está involucrado en sus turbios negocios. Temo que me delate.

16/3/55

Theodor me ha expulsado de la Sociedad Thule. Ella los llevará a la ruina. Y tal vez a mí también...


21/3/55

Marián ha vuelto a escribirme una carta sin remite y sin matasellos. He tenido su bebé y está feliz porque ahora ya puede morir tranquila. Tenía que haberlo sospechado: padece de una grave enfermedad, pero no de la mente, sino del cuerpo. No quiero ni repetir ese nombre que leí. ‘Ha sido un milagro que llegara a nacer mi pequeño. Pero Iulius, tú eres un mago y sabes que los milagros existen. Voy a volver a Fortcastel. Ella me curará.’

26/3/55

Son las diez de la mañana y aún me dura la excitación que me produjo tocar con mis propias manos la lápida conmemorativa: la encontré en una de las grietas de la pared norte; cubierta de tablas de madera que se deshicieron en mis manos; estaba entera. Scriptura monumentalis, de perfecta ejecución. Espléndida la proporción de las mayúsculas. Texto horizontal homogéneo, abreviaturas comunes, el latín, bastante bueno. Absolutamente maravilloso. Con sumo cuidado de no errar, transcribí el texto latino a mi cuaderno. Mientras lo hacía, traducía de memoria:

EN EL AÑO EN QUE FUERON CONSULES Q. JUNIUS RUSTIUS Y L. PLAUTO AQUILINUS L. GEMINUS HIJO DE AURELIO PONTÍFICE PERPETUO DE LA COLONIA MILANOVENSE FLAMEN DE LOS DIVINOS EQUITES DECURION MANDO GRABAR ESTA INSCRIPCIÓN A EXPENSAS DEL ERARIO PUBLICO PARA AVISO DE LOS AÑOS VENIDEROS Y CONMEMORACIÓN DEL DÍA DE LA SANGRE DE LAS VII KALENDAS DE OCTUBRE CUANDO LA MAGNA MATER REINA DE LA IRA QUE VIVE EN VINDIUS COBRO TRIBUTO A SUS HIJOS
RECUERDA QUE EL OLVIDO ES EL PADRE DEL ERROR Y LA MUERTE NUESTRA MADRE.

27/3/55

Esta mañana ocurrió algo terrorífico, que llamaría duelo de magos sino fuera porque no deseo ocultar el espanto del hecho con retórica. Anabel y yo nos encontramos en la Sala de Conferencias de la Sociedad Thule. Le supliqué que no corrompiera a Marián. ‘Nunca le haría daño; la quiero como a una hija’, me replicó. Llevado por la imprudencia le dije: ‘Déjala que muera en paz si es verdad’ Entonces, ella se disgustó. Mi corazón sufrió una fortísima y repentina aceleración, sus ojos lucharon con los míos. Nadie más se daba cuenta. Estaba solo con ella. Me devoraba; me abrasaba; me destrozaba; me colmaba de placer... Sentía sus dedos introduciéndose en mi frente; hurgando con sus uñas entre mis recuerdos; aferrándolos y arañándolos sin compasión, buscando los más ocultos, lo que se referían a sus secretos. Bregamos; no podía resistirme. Reaccioné; mi mente rompió los hilos que me sujetaban a ella. ¡Su ira no tuvo medida! Gritó; un silbido agudo y horrísono, como de criatura de las Tinieblas, herida en su amor propio... Luz y después, oscuridad... ¡Dios mío, lo imaginé todo!

28/3/55

Me siento morir. Algo me ha hecho. Ha quebrado mi alma. Solo soy montón de pedazos rotos donde antes había algo fuerte. Tengo que esconder el diario. Todos me vigilan, me persiguen. Estoy perdido... Ander dice que me desmayé, que de mis labios escapaban extrañas frases en latín y que me salía espuma por la boca. La manera como me miran todos... Sé lo que piensan... He tenido una visión de Marián sacrificando a un hombre joven. He visto su rostro en otro tiempo. No puedo creerlo. Tiene que ser un engaño de la mente. Ella es tan dulce. Ander dice que es como las demás. Ha matado y volverá a hacerlo. ‘Esas mujeres están poseídas por un espíritu maligno’

6/4/55

Ya no duermo ni como. La protección mágica no funciona. Ella atraviesa mis barreras con toda facilidad. Le basta con mirarme a los ojos. ‘Nunca le mires a los ojos’, me repetía Marián y creo que por una vez, hubiera sido prudente hacerle caso. La intensidad de mis pesadillas aumenta. Me veo en un auténtico infierno de llamas que me devoran la carne. Y ella está en medio, señalándome con su dedo.

8/4/55

¿Por qué le he contado mis sospechas y tribulaciones a Ander? No me ha creído. Y para colmo, le he puesto en peligro. No, no. He hecho bien. Así se guardará de ella.

11/4/55

No me queda mucho tiempo; y aunque no haya podido vencerme esta vez, ahora sé que moriré en breve plazo... No, no puedo escribir. Se me paralizan los dedos. Marián, ¿qué te ha hecho, qué has hecho, qué vas a hacer?

****

No sé ni cuanto tiempo ha pasado. Son las 10:32. Estoy en casa. Acabo de escapar del psiquiátrico. Cuando desperté no podía creerlo. Pero tengo una vaga noción de lo que ha ocurrido. Hace algunos días empezó a írseme la cabeza. Y después debí de quedar en estado vegetativo. Aún sigo confuso. Abrí los ojos. Una enfermera me explicó que había sufrido un shock, hace cuánto, no me lo dijo. Me encerraron cuando empecé a delirar. Pero no estoy loco. Sé que fue ella. Quería matarme, o borrarme los recuerdos. Su terrible poder hipnótico. Pero ahora estoy a salvo. Salté el muro al primer descuido de los guardianes. Tengo miedo. Gracias a Dios que escondí el diario. Ahora vuelvo a tenerlo entre mis manos. Aquí está todo. Tengo que hacérselo llegar a Ander. Anabel es una farsante. Tienen que saberlo. Es muy peligrosa. Y todo lo que toca lo corrompe, incluso al ser más puro.


19: 22. Estoy sólo. F.V. sigue escondido en su cuarto. Según el calendario de la cocina estamos a 30 de abril. ¡Mi mente ha estado apagada medio mes!


22:05. Vuelvo a tomar la pluma. Hace una hora que me la he encontrado en la sala. Absurdo preguntarle cómo había entrado; una sensación de vaga irrealidad me envolvía. Me habló: “¿De qué te han servido todos tus sacrificios y desvelos? ¿Qué ganaste haciendo el bien o el mal, adorando lo que no conocías o lo que sólo a partir de etéreos vestigios sospechabas existía más allá de lo visible? La juventud se fue; el invierno llegó a tus cabellos, y cuando tu alma tomó el control de tu cuerpo, al que siempre exigiste que fuera indiferente a los placeres, sin conseguirlo, encontraste la respuesta a la pregunta formulada ¿por qué, por que? No te atrevías a creer que un sueño se pudiera hacer real. Y ¿ahora qué? Los hombres no conciben nada peor que la muerte, pero en realidad, es la vida lo que causa aflicción. El que muere se libra del temor a la muerte. El que muere, descansa. Yo conozco el secreto y por ello no tengo miedo de nada, excepto de la vida y del dolor que acarrea.” No entendía nada; parecía delirar.
Pero, entonces, miró la lápida que había dejado sobre la mesa junto con el resto de las piezas de la excavación. La señaló con el dedo, y en un segundo, se quebró de lado a lado. De pronto, se hizo polvo y un viento que salía de su mano la dispersó contra mi pecho. Me sentí desfallecer. ¿Quién eres, qué eres?, exclamé. ‘Soy tu amiga Anabel, ¿no me reconoces?’ musitó. Su frente soberbia y sus labios; percibí la mueca de burla. Temblaron mis dedos; temblé todo yo. Ana, Anat, Anahita, Danna, Bel, Baal, Baalberit...; un torrente de asociaciones brotó de mi espíritu oprimido; polvo de ruinas y viejos monumentos, y escritos en la piedra y en el barro con cincel. El horror de la antigüedad sacudiendo con tremendo espasmo las fibras de mi corazón. Hasta mi nariz llegaba el olor de los cuerpos calcinados de los holocaustos, de la sangre fresca derramada; de las vísceras expuestas al delirio de un populacho enfebrecido, alucinado, poseso; emponzoñado por el temor de los dioses-buitres. No quería pensarlo, pero no resistía. Me pareció que había algún extraño y poderoso ser con nosotros. Que se reía a carcajadas. Se reía de mí, de toda la humanidad, de todos los sabios y de todos los profetas, de nuestra triste condición, y creí entender que casi de sí misma, de las máscaras, a veces ridículas, con que gusta de manifestarse para mejor engañarnos. Cerré los ojos deseando que, al abrirlos de nuevo, hubiera desaparecido. Pero no soñaba. No podía despertar. Me estaba embrujando.

No sé que me pasó. Mientras hablábamos, todo parecía congruente. Ahora, varias horas después, me he sacudido el yugo de mi mirada. Se ha llevado la lápida. Vuelvo a pensar. ¡Tengo que tranquilizarme! Ha tratado de enloquecerme. Me duele terriblemente la cabeza. Dijo que fuera a Fortcastel. Marián estará allí. Dentro de dos horas, cuando sea medianoche iré al castillo a averiguar lo que queda por saber; quizá pueda desenmascararla, quizás evitar que Marián cometa un crimen aborrecible a cambio de la vida que se le escapa (...)... en mis últimos momentos permanezco sereno... (...)... la carta cifrada que le he escrito a Ander ya está entre sus papeles. Espero que el bueno de Basquit halle la manera de entender el mensaje oculto...

Iulius Klaines, desde del subsuelo de Calibánn, la “Ciudad Oscura”,
Sit Transit Gloria Mundi...

Comentarios

Añadir un comentario