sábado, 09 de abril de 2011

 

Inauguramos una sección de novelas online con esta obra titulada Liber Umbrae, que espero sea del agrado de todos. Se puede comentar, por supuesto. La autora además responderá todas las dudas. Si te gusta la novela y no puedes esperar a la siguiente entrega, en el menú lateral del blog tienes un enlace (con foto) donde te puedes descargar la novela entera gratis, en diversos formatos.

 

Argumento

La joven Bessie espera en un sótano lleno de instrumentos de tortura a que su captor regrese para matarla y beber su sangre. Mientras eso sucede, rememora los acontecimientos de los últimos cuatro meses, en especial los que la han llevado a esa situación, como su relación con Charlie Granger, un gótico aficionado a los vampiros, o el hallazgo de un diario que narra los crímenes de una secta de bebedores de sangre a inicios del siglo XX, dirigida por el siniestro doctor Koestler.

Paralelamente, la policía de Londres investiga el asesinato de una adolescente que apareció flotando en el Támesis, desangrada y con una extraña marca grabada en el cuerpo. Es la segunda chica que aparece en tales circunstancias en los últimos seis meses en la ciudad, y se sospecha que pueda haber un asesino en serie suelto.

El Mal parece haberse originado en una mansión de Surrey, con fama de haber sido morada de un vampiro, pero las apariencias a veces engañan…

 

 


 

 

 

Prólogo

 

 

 17 de agosto de 2009

 

 

Bessie despierta en medio de la oscuridad. Su primerasensación es un pinchazo en las costillas, lacerante, intenso, que casi leimpide respirar; la segunda, el tufo a humedad y a aire pútrido, sin contactocon el exterior, ensuciado por efluvios de criaturas en descomposición.

Se frota los ojos, que aún retienen parte de las lágrimasderramadas… ¿cuánto tiempo atrás? Echa un vistazo al reloj. Las manecillasfosforescentes, lo único que puede atisbar en medio de la negrura, parecenmarcar las nueve menos diez: ha perdido una hora de su vida.

Maldito Charlie.

Creía haberlo dejado atrás cuando, durante su alocadacarrera, notó un golpe. Entonces, las paredes se movieron a su alrededor comoen un terremoto. Trató de erguirse, pero unos brazos la retuvieron en el suelo,después de que la puntera de un zapato se clavara varias veces en su costado.El dolor hizo que se desvaneciera. Esa primera oscuridad había sido tansorpresiva que no había dado lugar a pensamientos lúgubres ni a temores al másallá. Ahora ve que ha ganado una horade vida. Pero su agresor regresará sin duda.

Por un momento, le reconforta saber que Blackwell ronda.Pero ¿dónde demonios está? Tiene que hacerle llegar su grito de socorro. Su tíala regañaría si la oyera: ¡él es mi príncipe y viene a rescatarme!

Una gotera lejana es el tictac de ese mundo oscuro dondeyace. El frío penetra en sus músculos a través de las perneras del pantalón ypor los brazos desnudos. Una nueva náusea de naturaleza más metafísica que laanterior sacude su estómago. La muerte la rodea, huele a ella, pronto estarádentro de ella. Parece que le susurra al oído: “No te muevas, espera un poco;pronto te tomaré de la mano y atravesarás conmigo regiones aún más oscuras”. Seburla luego con una risa que hace eco y se solapa con el resto de sonidos y nosonidos del mundo inferior. De pronto, sus instintos se exacerban a la vez, elde supervivencia, el hambre, la sed, incluso el instinto de agresión. Elmonstruo que la ha retenido ganará si ella obedece a la muerte y se quedaagazapada en esa esquina. Su tía tenía razón: los hombres llevan dentropoderosos impulsos que hermanan la muerte y el sexo.

Nota la pared rugosa y fría en la espalda, y un suelo detierra irregular, como si hubiera sido removido muchas veces, y nadie sehubiera molestado en aplanarlo. Apoyándose contra el muro, se levanta. Se ponela mano en el costado para tratar de paliar el dolor. Es tan fuerte que creetener algo quebrado por dentro. Roza la pared con la palma de la mano. Atientas, avanza un par de metros. El olor que baña su nariz es tan desagradablecomo el de un matadero. La gotera marca un ritmo lúgubre, tañido de campañasincorpóreas que anuncian un futuro y cruel deceso, el suyo.

Se echa a llorar de manera incontrolable. Una y otra vezrememora el rostro de Charlie sobre ella, y la fuerza de sus brazosatrapándola. Parece increíble que un chico tan bajito y con unos músculosridículos pueda desarrollar tanta potencia. Debiste obedecer a tu tía y a tumadre, debiste desconfiar de un chico que te invita a un lugar en las afueras.Bessie siente repugnancia ante tales consejos, cuya fiabilidad, no obstante, hacomprobado. Se trata de una revelación a destiempo, pues no ha logrado salvarladel descenso a los abismos. Literalmente está en un subterráneo, en una especiede mazmorra que le recuerda a cada inspiración lo que será de su cuerpo dejovencita de quince años en un futuro bastante próximo. Él lo hizo con otras,lo volverá a hacer con ella.

Reuniendo fuerzas, continúa en su progresión pegada a lapared, como una ciega, hasta que, de pronto, se le ilumina la mente. Echa manoal bolsillo. Lanza un suspiro de gozo al tocar el encendedor Zippo que leregaló Charlie, días atrás. Casi no se atreve a abrirlo, pero lo hace. “¡Diosmío!”

Con la llamarada, imprecisa y tambaleante, se revela lo queantes solo intuía por el olor: colgado del techo pende un cadáver desnudo. Estácabeza abajo, con los brazos desmayados y recorridos por ríos de sangre seca.En la espalda le han grabado uno de esos malditos símbolos. Bessie no quierefijarse tanto, pero le parece que en el cuello de esa joven, o mejor dicho, deesa niña, hay una herida enorme. Al imaginarse a Charlie con la boca abiertabajo la fuente de sangre, recogiendo con fruición el fruto de su crimen, vuelvea perder el coraje.

Llorando entre espasmos, se aleja del cadáver, ya casiputrefacto.

El sótano está lleno de obstáculos que la horrorizan tantocomo el despojo. Se siente como si hubiera viajado en el tiempo a la época dela Inquisición. En medio del silencio, protegidos por los gruesos muros depiedra tosca, hay decenas de instrumentos de tortura, sillas con clavos,tenazas, cadenas que cuelgan del techo en forma de guirnaldas de metal,látigos, colecciones de afilados rastrillos de diversos tamaños cuya función esfácilmente adivinable, incluso para una persona poco imaginativa. Por si nofuera el caso, la presencia de colgajos de piel sanguinolenta entre sus dientesda pistas claras. Bessie, sin embargo, siente mayor atracción, y terror, porqué no decirlo, por las pinturas y grabados que cubren los muros. Se encuentra,imagina, en la cámara donde Jonas Montgomery y el pérfido doctor Koestlercelebraban sus rituales macabros.

Con la respiración agitada, casi dolorosa, aproxima elzippo a uno de los grabados. Un grupo de hombres y mujeres con vestimentas querecuerdan a las de los magos contemplan como su sumo sacerdote, armado condaga, abre la yugular de una joven atada sobre una losa de piedra. Oculto entrenubes está el perverso espíritu que inspiró el Liber Umbrae, el Libro de laSombra, donde se narra la historia de los no muertos desde el inicio de lostiempos. No tiene cuernos como un diablo de la iconografía cristiana; parecemás bien un ángel de luz. Es hermoso a su manera, y, a su manera, tambiénterrible. Hay algo en sus rasgos que causa incomodidad a la vista. Será quizásla absoluta perfección de su rostro. Es lo que llamaríamos un hombre guapo ybien parecido, pero no es un hombre. El dibujante lo ha trazado con pocaprecisión, como si los límites de su cuerpo fueran borrosos. Se trata de unacriatura que está a medio camino entre la materia sólida y el mundo etéreo.Pero se complace con la sangre, como un vulgar mosquito. Tras él hay toda unacorte de seres de su linaje, algunos carecen de cuerpo antropomorfo. Poseenalas transparentes de libélulas, y largos picos con los que succionan la vida.“La sangre es vida”.

Descubre más grabados donde se detallan aberrantes orgías,empalamientos, decapitaciones, violaciones en grupo de niñas y niños impúberes,ataques de íncubos y súcubos sobre soñadores desprevenidos a los que dejanvacíos, como odres sin agua, tras chuparles la esencia vital, túneles entrenubes por donde ascienden almas hacia una boca gigante erizada de afiladosdientes... Los artistas pecan de un exceso de gusto por el detalle. Bessie yano sabe si tiembla de frío, de dolor o de miedo. Se desmayaría si no tuvieraclaro que eso significa una muerte segura. “Tengo que pensar” se repitemientras se sorbe la mucosidad de la nariz y se limpia los ojos con el dorso dela mano.

En el centro de la mazmorra, decorada toda ella porsímbolos esotéricos, y esos horripilantes dibujos, además de cortinajes negrosya encanecidos por telarañas, y cirios engastados en palmatorias de bronce,está el ara del sacrificio. Es una losa de piedra, tosca, como un monumentomegalítico arrancado de Stonehenge o lugar parecido. Aun con la débil luz delzippo, aprecia que posee un par de canales en ambos flancos que derivan haciauna pila, como un abrevadero. Ahí deben de meter sus copas los concelebrantesde la ceremonia de ingestión de la sangre, tal y como muestra uno de loscuadros.

Junto al altar, descubre por fin un farol antiguo con unode los cristales rotos. Trata de encenderlo, y, aunque su mano duda, la llamahace amagos de apagarse y la mecha no tira; al final, la luz, tamizada por elpolvo, se hace permanente en la cámara de los horrores. Ha de buscar un lugarpor donde escapar, siempre que se lo permitan sus laceradas costillas, o algúnarma con que defenderse. No todo está perdido si conserva la lucidez y mantienela sangre fría. Uno de esos rastrillos de pesado hierro y con puntas que aúnpueden hacer arañazos profundos parece ser una buena idea como arma ofensiva.

De pronto, ha dejado de llorar, ha dejado casi de tenermiedo. Le parece que la lucha puede ser una opción más aceptable que laresignación ante la fuerza desatada de la virilidad. Ese muchacho no la tocará;antes le partirá la cabeza, eso lo tiene muy claro. “Bessie, por favor, solodeseo besarte; te quiero”. Recordar tales palabras le horada la mente y lecausa terror.

Con el rastrillo bien agarrado, explora la estancia en buscade alguna puerta, procurando no mirar al cuerpo de la otra chica, que siguebalanceándose mórbido, mientras barre el piso con su melena estropajosa.

Se siente muy débil, y por momentos pierde la confianza ensí misma. Solo es una niña. No debería estar allí, nadie debería. Ella no escomo las heroínas de las películas y los libros capaz de dar patadas a diestroy siniestro y derrotar a gigantes con analgesia congénita. Sabe cantar, y tocarla guitarra, le gustan los chicos (o le gustaban), quiere ser una granescritora, como su tía, inventar historias que sean más que historias. Jamás hautilizado una kata de artes marciales; la violencia es desagradable y fea en sumundo. Las artes organizan el mapa de la creatividad humana según el patrón dela belleza y el placer estético. Eso es lo que siempre le enseñaron, aunquetambién le dijeron que fuera de las lindes de su territorio había lobosansiosos de devorar caperucitas que se adentran demasiado profundamente en elbosque.

Bessie encuentra la puerta. Tira del picaporte, pero estácerrada con llave, y tal vez afianzada por fuera con algún pesado tranco.Imposible echarla abajo: parece muy sólida. Se pregunta si sería positivogritar. Blackwell podría escucharla y sacarla de esa pesadilla, pero también podríaoírla Charlie.

El flujo de sus pensamientos se quiebra al escuchar unaspisadas al otro lado de la puerta. De pronto, su corazón se desboca. Está apunto del desmayo y del vómito, pero se controla. Las luces se enciendendejando a la vista eso que antes se mostraba con timidez. La cámara deinterrogatorios medieval, ahora es como un laboratorio de moderno doctorpsicópata, lleno de luz potente. Bessie levanta entre temblores su arma, a laespera de que el joven se atreva a entrar.

El corazón casi se le detiene cuando ve que se abre unaminúscula ventanita en la puerta, bien protegida por rejilla de acero. Al otrolado hay unos ojos azules, fríos, obsesivos y dementes que la observan durantemás de un minuto.

Se cierra la portezuela.

El impacto psicológico ha sido el esperado. Ella ha quedadocasi en estado de shock, pero resiste un nuevo ataque de llanto. Todos suspensamientos se mezclan de pronto.

Recuerda vagamente que sabe cantar, que canta en el coro desu colegio, y que es buena en eso. No solo ha heredado los genes literarios desu famosa tía escritora Elizabeth McPherson sino también los musicales de suabuela, no menos famosa concertista de piano. Cierra los ojos acurrucada juntoa la pared, sin soltar el arma, mientras los pasos resuenan. De sus labiosescapan palabras en alemán, el tarareo de una canción de los años ochenta quele enseñó su tío Clive. Habla de paz y de amor en el mundo. Hay una versión eninglés, pero le gusta mucho más cómo suena en su idioma original: Ein Bisschen Frieden[1]. Ni se preguntapor qué le ha salido eso espontáneamente.Wie eine Blume amWinterbeginn… Espera no hundirse del todo cuando él tratede matarla y beber su sangre. Und so wie ein Feuer im eisigen Wind… Espera tener fuerza, y sigue cantando…Wie eine Puppe, die keiner mehr mag, Fühlich mich anmanchem Tag



[1]               Un poco de paz. Autores: RalphSiegel y Bernd Meinunger


Tags: novela, vampiros, misterio, crimenes, asesino en serie, ebook, gratis

Comentarios
Escrito por Caperucita
sábado, 09 de abril de 2011 | 22:57

Yo también he imaginado qué sentirían aquellas niñas belgas a las que tuvo secuestradas aquel demente. Pero creo que debió sedarlas. No me gustan estas tramas. Solo entré a leer por curiosidad. ¿ Por qué no escribes algo que te haya pasado a tí, en primera persona, algo que haya sido real ?  Los asesinos que matan en sus casas y entierran a sus víctimas en el jardin son psicópatas. No se debería novelar sobre eso. Más que nada porque no tiene otro interés que un náuseabundo morbo muy mal disimulado. Para mí, imposible de digerir.

Escrito por reginairae
domingo, 10 de abril de 2011 | 15:40

Yo creo que se puede y se debe escribir de todo. Otra cosa es el gusto personal. A mí tampoco me gustan las novelas donde se regodean en cosas gore.

Los escritores solemos escribir de nosotros mismos aunque los lectores no lo crean. Solo que lo hacemos de forma disimulada, o bajo un velo de fantasías, idealizaciones... Ponemos ahí nuestra forma de ser y de pensar, etc...